Siete años hemos estado los españoles sin tener datos sobre el estado de nuestra nación; siete años sin enterarnos de lo bien que los hemos vivido, de lo bien que los estamos viviendo y de lo bien que los seguiremos viviendo al menos durante el año largo que queda de esta legislatura, por obra y gracia de Pedro Sánchez, de los miembros y miembras de su gobierno, de los separatistas vascos y catalanes, de los «primos hermanos» de ETA y de algunos prostitutos que se unieron al gran proyecto «Sánchez por España y por los españoles», del que estamos disfrutando como locos y locas. También hay quienes lo hacen como locuelos y locuelas.

Hoy; por fin, esta bonanza de la que gratuitamente disfrutamos como enanos sin deuda exterior (0 punto 0 euros, sin siquiera un mísero centimín), extraordinaria posición, única en el Mundo, de lo que se benefician todas las empresas (207.000) y los autónomos (323.000) extrañamente desaparecidos sin motivo que lo justifique que, por efecto de los datos vertidos por el Presidente Sánchez, durante su actuación en el Congreso de los Diputados, esas empresas y esos autónomos, cerradas ellas y desaparecidos ellos, alborozados volverán a abrir sus puertas unas, y a aparecer los otros.

Por la celebración en el Congreso de los Diputados de este raro advenimiento, desconocido para muchísimos millones de españoles, si nos hemos enterado de que, entre otras dádivas de este gobierno, el jornal mínimo que debe cobrar un trabajador por su completa jornada laboral es ya ¡de 1.000 euros! con los que ha de pagar 600 euros de alquiler de la vivienda, 50 euros de luz, 40 euros en transporte, 15 euros de butano, 38 euros del teléfono, 36 de agua, 9 euros en preservativos, 20 euros en papel higiénico de hoja sencilla, Ariel para lavar la ropa 20 euros, jabón para afeitar 6 euros… Total aproximado: 834 euros y aun le quedan 166 euros para comer.

Para que tal situación no pueda volver a repetirse, por consejo de sus asesores, el señor Sánchez decretará, suavemente, una adecuada educación verificada por personal cualificado por su Gobierno, impartida en las escuelas, en los institutos y en las universidades de todo el país, con el fin de que lleguen a ser capaces, con la ayuda de la sensibilidad inoculada, desde el mismísimo paritorio, de reconocer el empeñado esfuerzo gubernamental para incluirles en «progresismo militante», que les traerá la felicidad completa.

A los adultos ya viciados en sus creencias y sus conceptos, se les beneficiara, con vistas a un futuro aun mejor, con una reeducación que les libere de los malísimos pensamientos y opiniones almacenas en sus cerebros por la actuación perversa de anteriores gobiernos conservadores, con reminiscencias del franquismo.

Eloy R. Mirayo ( El Correo de España )