SIETE GLADIADORES

«Dos españoles, dos opiniones «, reza un proverbio internacional. Si son siete, siete serán las opiniones, o sea, una escandalera. Eso fue el primer debate electoral entre los segundones, en el que hubo más pasión que entendimiento, sobre todo entre las mujeres, aunque ellos no se quedaron atrás en las invectivas.

Si el debate entre los primeros espadas sigue esa tónica, van a saltar chispas, pero poco más, pues de las diatribas pocas veces ha salido la razón. Los siete dedicaron más tiempo a atacar a los demás que a defender sus programas, lo que significa que mucha confianza no deben tener en ellos.

Nuevo, lo que se dice nuevo, hubo muy poco, por no decir nada. Sólo la repetición de las viejas tesis y descalificar las ajenas, aunque, eso sí, todos abogaron por desbloquear el estancamiento que nos ha llevado a las cuartas elecciones en cuatro años y hace temer que siga.

Pero aparte de ser vivo, rápido, en ocasiones incluso entretenido, nos dio idea de cómo anda nuestro patio político, y lo más destacado fue ver a Pedro Sánchez convertido en principal acusado del desbarajuste que reina en él. Excepto Adriana Lastra, que como representante del PSOE estaba obligada a defender a su jefe, los demás volcaron sobre el presidente en funciones toda suerte de improperios, en especial aquellos que le ayudaron a entrar en La Moncloa por la puerta trasera.

Lógico, porque esperaban de él que les facilitase alcanzar sus objetivos. Podemos, dirigir desde el gobierno una política económica de extrema izquierda; los nacionalistas catalanes, la independencia. Se palpaba más que oía la rabia contenida de Rufián al advertir que no harían nada mientras no se libere a sus presos y se les conceda el derecho a la autodeterminación, junto al abierto reproche de Irene Montero por lo que considera una traición.

Si pensamos que Sánchez confiaba en Podemos y ERC como última línea defensiva para mantener la presidencia, nos damos cuenta de lo crudo que se les ha puesto la cosa. Nada de extraño que eche mano de lo que le queda: apelar a la unidad nacional y a la necesidad de frenar a Vox. Pero ya todos le conocen y nadie le cree, lo que tampoco quiere decir que algunos de ellos no estén dispuestos a pactar con él si les conviene.

Del resto de la mal avenida tertulia, lo esperado. Cayetana Álvarez de Toledo aún no ha aprendido que el ataque a la bayoneta en la pequeña pantalla se vuelve contra uno, al creer el espectador que va contra él.

Irene Montero hizo lo que pudo para borrar los errores de Iglesias en la anterior campaña, como Inés Arrimadas, los de Rivera, pero fueron tan garrafales que sólo consiguieron salvar los muebles.

Aitor Esteban intentó encubrir el tremendo egoísmo del PNV en calma y compostura, como Espinosa de los Monteros, su radicalismo en tesis científicas, convenciendo sólo a los convencidos.

Como resumen: todos más vencidos que vencedores, aunque unos más que otros. Y el que más, Pedro Sánchez. Veremos si es capaz de arreglarlo en el segundo asalto.

José María Carrascal ( ABC )