SILENCIO

Por una vez la presidenta Meritxell Batet ha honrado, en la sede de la soberanía nacional, si no a todos los muertos, al menos a uno y muy principal: Landelino Lavilla, fallecido el 13 de abril de 2020.

 El minuto de silencio que se guardó ayer en el Congreso, con el Hemiciclo medio vacío por la epidemia, duró un minuto de verdad, algo insólito en un país en que se despachan los minutos de silencio en diez o quince segundos, veinte a lo sumo en el mejor de los casos, no vaya a ser que algún impaciente se impaciente y rompa el decoro, ya sea en un partido de fútbol, una corrida de toros o un funeral de Estado.

«El silencio cura», rezaban, y tal vez aún recen, algunos carteles de hospital.

 El silencio de ayer fue sanador por lo largo, pero también muy sonoro: gritaba que el país no honra, porque el Gobierno no lo permite, a los muertos que llevan cayendo.

Tadeu ( El Mundo )