SILENCIOS CULPABLES

Nos debatimos entre la inevitable compasión que esta tragedia nos genera, y por tanto el apoyo a las autoridades en estos complejos momentos, o ejercer la irrenunciable crítica a una gestión ineficaz, que evidencia la escasa formación de unos y la mala previsión de otros.

El 30 de enero de este año, la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró la emergencia sanitaria global. Para Sánchez y los suyos el asunto no tomó relieve hasta el 9 de marzo.

Fíjese el lector cuántas gestiones se pudieron hacer en esos 39 días que el Gobierno, que ahora nos tiene confinados, dilapidó en molicie y haraganería. Por ejemplo pudo adquirir material sanitario.

No estamos hablando de aparatos de última generación ni escáneres costosísimos. Hablamos de algo tan sofisticado y avanzado como las mascarillas.

Todavía hoy no sabemos exactamente dónde está el material comprado por el Gobierno central.

El inventario de la catástrofe no puede ser más desalentador: cerca de 15.000 muertos, probablemente mal contados, el país parado, la economía al borde de una gran depresión y en el puesto de mando un soberbio envarado, incapaz de empatizar con los que sufren.

¿ Nos callamos ?

El Astrolabio ( ABC )

viñeta de Linda Galmor