SIN CAPITALISMO NO HAY DEMOCRACIA

«Ayer habló el Poder Judicial», anunció Pedro Sánchez. «Hoy y mañana va a hablar el Poder Ejecutivo», amenazó en uno de los gestos populistas más obscenos de cuantos haya tenido un político tan nefasto para España como el líder socialista. Y el viernes, una vez más a través de un Real decreto-ley, dejó claro su desprecio hacia ese prodigio político de la modernidad que es un Estado de derecho regido por el principio inquebrantable de la separación de poderes.

Consciente o no, su decisión lo sitúa ya, sin duda, en el mismo espectro ideológico de quienes no desean otra cosa que disolver las instituciones de la democracia con el convencimiento de que eso pondrá en riesgo lo único que un Estado debe preservar a toda costa: su seguridad y su estabilidad. Es poco probable que Sánchez haya leído al pernicioso profesor universitario Carlos Fernández Liria, que en su reciente En defensa del populismo (Libros de la Catarata) teorizó lo que sus discípulos de Podemos llevan años repitiendo.

Pero en la bravuconada de modificar la ley para que el polémico impuesto hipotecario «lo pague el sector financiero» subyace la idea de que, como dice Fernández Liria, «el Estado nación bajo condiciones capitalistas ha generado verdaderos monstruos políticos (…) sociedades en las que la instancia política es enteramente sierva del mundo de los negocios».

Porque «los bancos aquí tienen un peso que ya no tienen la naciones y los Estados. Y tienen el control de los ejércitos y también sus propios ejércitos». Pero «nadie sensato», remata esperanzado el funcionario público, «puede dudar de que el ser humano se recompondrá de una forma u otra mediante los resortes del populismo. Y nadie puede dudar tampoco de que la única forma de evitar el desastre es optar por un populismo de izquierdas«.

Antes de que Pablo Iglesias ocupara la calle en defensa de la «democracia real» y en contra de los malvados banqueros, Sánchez escenificó su papel de salvador para «que nunca más paguen los ciudadanos». ¡Que paguen los bancos!

No hay, sin embargo, incompatibilidad entre capitalismo y Estado de derecho. Al contrario, la democracia es solo posible en una economía de libre mercado, en la que los ciudadanos son a la vez consumidores. El capitalismo «no estaba previsto» en el diseño político ilustrado, dice Fernández Liria, haciendo trampa de manera consciente. Porque sin capitalismo, no habría ni ilustración ni democracia.

Fernando Palmero ( El Mundo )