SIN » CARA A CARA »

Casi cuatro horas de «debate a cuatro» y ni un minuto de «cara a cara». Una pena. Habrá que esperar a otras elecciones para que se dé el tradicional duelo entre el presidente y el líder de la oposición que se venía celebrado durante las campañas electorales con el fin de que los españoles vieran medirse a los dos candidatos que más posibilidades tienen de gobernarles en los próximos cuatro años.

No hay duda de que ha sido llegar Sánchez a La Moncloa y la España a su alcance ya es diferente, desde del colchón de estreno como idea fundacional del sanchismo redentor, al nuevo CIS (Centro de Investigaciones Sanchistas), una novedosa aportación de la demoscopia de parte.

Hallamos también entre las novedades la televisión pública, sobeteada sin pudor desde La Moncloa pero sin lazos naranjas ni viernes negros, o el avión presidencial que vuela para ir a los conciertos de rock con Begoña o a la boda de un cuñado. Y también son de estreno esas reuniones oprobiosas como la de Pedralbes, vergüenza de España, en la que el jefe del Ejecutivo es recibido como un líder extranjero cuando viaja a Barcelona.

Y no habrá «cara a cara» porque Sánchez no quiere y porque parece que el estadista de Tetuán se encuentra mucho más cómodo debatiendo a la vez con cuatro o cinco, o media docena más si se tercia, que con un solo oponente. En este último tipo de batallas uno no puede guarecerse de ese fuego cruzado de atril a atril entre unos y otros. Así se despellejen ellos, que mientras yo silbo…

Aunque apenas ha pasado un suspiro de aquello, lejanos nos parecen los tiempos en que aquel autodenominado «Pedro el guapo» de la oposición venía a llamar cobarde a Rajoy por no atreverse a debatir con él ante las cámaras, acusación preventiva e infundada pues sí hubo entonces ese «cara a cara» que hoy echamos de menos y en el que quien hoy tanto lloriquea, porque dice que le fríen a insultos, llegó a llamar «indecente» al viejo Mariano.

«Hasta aquí hemos llegado», se revolvió Rajoy ante el denuesto de Sánchez, que ni con esas formas se libró de caer derrotado dos veces seguidas. Ni el insulto ni la pirotecnia, ni tan siquiera los sonidos del silencio u otras parafernalias, garantizan la victoria, todo lo más el reconfortante aplauso de los palmeros. Sin «cara a cara», lo mejor es esperar a la noche del domingo, donde a más de uno las urnas se la van a partir.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor