LA LISTA PUIGDEMONT

celebre

LA LISTA PUIGDEMONT

Puigdemont, a pesar de su insignificancia, ha logrado cierta pose de héroe. La gente aún grita en las calles: “Puigdemont, president“. Pero cada vez está más solo y a punto de entrar en el lazareto de la historia. Sólo le apoya la extrema derecha europea.

Carlos Jiménez Villarejo, en la lista del PSC, ya dijo que Puigdemont era un presunto delincuente y ahora critica su insistente conducta antidemocrática. La gente que le aclama en Cataluña va a votar más -según las encuestas- a ERC, con sus rufianes, abades y robespierres de la no violencia. Puigdemont encabezará una lista el 21-D bajo el nombre de Junts per Catalunya.

Hay quien piensa que es imposible una salida del colapso sin lo que fue Convergència, pero ya no está claro que su ex president sea un buen candidato. Puede participar en las elecciones desde el exilio, que no es sino una huida de la Justicia. Si se queda junto a los separatistas flamencos, podrá encontrar un trabajo de barman, porque sabe muchos idiomas. Pero que no se disfrace de Tarradellas en la viña o de Perón en Puerta de Hierro, porque ha llevado a los independentistas a hacer el ridículo por quinta vez en la historia.

Como dice el proverbio, ha pisado el hierro de la azada y el mango le ha pegado en la cara, y ya se nota que ha sentido el sabor amargo y decepcionante al despertar de su sueño imposible. Ahora ya dice que está abierto a otra relación con España y a buscar otro anclaje de Cataluña en el Estado. Lo dice cuando su arbitrismo y su megalomanía han desbaratado la economía y la paz de su comunidad.

Dice un autor que toda obra de teatro es siempre la historia de cómo los pájaros regresan a casa para sentar la cabeza. Este raro político ha tardado demasiado en sentarla. Dice Borges: “Que la Historia hubiera copiado a la Historia ya era suficientemente pasmoso; que la Historia copie a la Literatura es inconcebible”. En este caso, Puigdemont fue el protagonista de una función en la que los actores fueron millones de catalanes. Encarnó un sueño desmedido y cruel. Escribe Antoni Puigverd en La Vanguardia: “Estamos descubriendo que el Govern puede haberse dedicado durante dos años tan sólo a la preparación de una obra de teatro”.

En Puigdemont se podría repetir la analogía del Kilpatrick del escritor, rematado en un teatro. Como a Julio César y a Kilpatrick, los personajes de Borges le han avisado de que le esperan los puñales, no para matarle, sino para hundirle. Se está quedando sin texto, perdido en el escenario. En semanas, probablemente no lo vea la gente como a su Moisés, sino como a un sedicioso destinado al noveno círculo del infierno donde, según Dante, están Bruto y Judas, muy cerca de Lucifer.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*