SIN COMPLEJOS

Pedro Sánchez acaba de plantearle un problema a sus seguidores republicanos porque después de varios meses de propaganda en la que se afirmaba que cualquiera que llevara la bandera de España en la mascarilla que preceptivamente todos debemos utilizar para protegernos y proteger a los demás de un eventual contagio, era un asqueroso y despreciable fascista, ahora él mismo, en carne y hueso mortal, la ha exhibido en sede parlamentaria.

España, como todo el mundo sabe, es un país en el que se apelotonan los acomplejados que no saben lo que son ni lo que quieren ser , pero tampoco lo que podrían ser porque salvo en estados fracasados o países lastimeros no les conceden la nacionalidad a cualquiera y mucho menos a la patulea de indigentes mal duchados que andan por aquí hablando mal de la patria en la que nacieron.

A mí me ha reconfortado ver de esa guisa al jefe de mi gobierno y posiblemente ese gesto sirva de pistoletazo de salida para que, primero sus lame partes, seguido de sus colaboradores y otros miembros de la Administraccion Pública conviertan ese símbolo en algo normal.

El problema a partir de ahora lo van a tener los fascistas de la derecha española porque van a ser confundidos con la tropa de seguidores del líder resucitado que tras pasar por las aguas del Jordán en Estrasburgo se ha disfrazado de patriota español.

Los normal sería que en España, al igual que sucede en Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, Finlandia o Grecia, la izquierda y la derecha discutieran de economia, de sanidad, de condiciones laborales , de educación o de política exterior, pero no sobre la identidad nacional porque ese asunto todos los paises lo tienen claro, menos en los que haya gente acomplejada como en el nuestro que carecen de cultura política y de conocimienros de nuestra propia historia que es fruto de muchos siglos de conquistas, guerras, invasiones, reconquistas, mestizaje y paz dentro de una identidad histórica más sólida que la de otros muchos otros.

Es cierto que algunas huellas nos han quedado de tantos pueblos que formaron nuestra historia, y eso explica que algo de morralla ha perdurado entre las generaciones que perviven y aportan su cuota genética de imbéciles endémicos, a los que se han sumado no pocos inmigrantes nacionalizados que aportan también su patrimonio de indecencia o gilipollez.

Hecha este breve excursión histórica de nuestra heterogenea raza regreso al comienzo de la reflexión inspirada en el gesto de Pedro Sánchez.

El presidente del gobierno ha dado por inaugurada la legitimidad identitaria de la bandera constitucional española como símbolo legítimo y políticamente correcto para el uso de las mascarillas.

Diego Armario