Desde la desaparición de la le Ley General de Educación del 1970 promovida, por el ministro de Franco D. José Luis Villar Palasí, la educación en España no ha hecho más que ir de tumbo en tumbo. Nada más llegar al poder el PSOE, lo primero que hizo fue imponer su sistema educativo (la LODE), conscientes sus dirigentes de que quien se hace con la escuela es dueño también de la sociedad del futuro.

Desde el 3 de julio de 1985, en que fue aprobada esta ley, hemos venido asistiendo a un desvarío educativo, que progresivamente ha ido acabando con el saber de humanidades, sin que el PP, todo hay que decirlo, apenas haya hecho nada para evitarlo, sino más bien todo lo contrario.

Hace unos días nos llegaba la noticia de  que, en el Consejo de Ministros del 29 de marzo de 2022, se aprobaba el proyecto de Real Decreto sobre un nuevo “curriculum”   obligatorio en la  ESO, que afecta a los alumnos de entre 12 y 16 años y que ha creado cierta alarma en la comunidad docente y en otros ámbitos de la sociedad porque, a pesar de lo que diga el Gobierno de la Nación, se piensa que puede  suponer un paso más en orden a la desaparición de la enseñanza de la filosofía, al no considerar  a esta asignatura a partir de ahora  como opcional obligatoria en Secundaria,  lo que  supone condenar al 30 % de los jóvenes al analfabetismo filosófico de por vida.

Estaríamos pues más cerca de lo que ya hace años se veía venir, la muerte lenta de una disciplina fundamental para la formación integral humana, algo que seguramente no preocupa demasiado al actual gobierno presidido por Pedro Sánchez, porque al socialismo lo que le importa es implantar su propia ideología y eso de preparar a los alumnos a pensar por sí mismos y desarrollar la conciencia crítica, no lo ven como un negocio rentable.

De aquí que haya que remover de la educación todo aquello que pueda suponer un obstáculo o comprometa de alguna manera sus siniestras intenciones de crear una sociedad a su imagen y semejanza. Expulsemos a Dios de la escuela y quedémonos sin religión, porque así será más fácil imponer el pensamiento único en la línea de lo políticamente correcto, aunque ello suponga contravenir el derecho sagrado de los padres a elegir la educación que crean más conveniente para sus hijos.

Neutralicemos la filosofía en la ESO, debilitémosla hasta hacerla desaparecer, porque de esta forma no se desarrollará convenientemente el sano inconformismo de los alumnos, que están despertando intelectualmente y así tendremos ciudadanos dóciles y obedientes, a los que se les puede manipular y engañar fácilmente.

Quitemos importancia a la Ética Filosófica, arraigada en los sólidos principios de la cultura greco-cristiana, avalada por la opinión de las más eminentes autoridades del pensamiento universal  y  en su lugar pongamos una asignatura politizada, de reciente creación, llamada  desde los tiempos del Sr. Zapatero “ Educación para la ciudadanía”, donde  a los alumnos se les adoctrina sobre «memoria  histórica», «homosexualidad»,  “excelencias de la ideología de género”, «derechos  e inviolabilidad de LGTBIQ+», “educación afectivo-sexual, sin especificar si habrá de incluir  clases prácticas o no ”,  “  adiestramiento a las mujeres a mear de pie, como un paso más hacia la igual de género”, así como otros temas que representan el “santo y seña” de la bandería socialista.

La política en Platón y en Aristóteles iba de la mano de la filosofía y ambas se completaban mutuamente, no sucedía lo mismo con los dirigentes sofistas de su tiempo, que acabaron con la vida del gran Sócrates, solo por defender la filosofía en su sentido originario.

Sí,  sin duda, la filosofía es vista como enemiga por todos aquellos políticos de ayer y de hoy que anteponen el bien útil al bien honesto, por los políticos trileros que no están dispuestos a admitir que existe la Verdad y el Bien objetivos o por aquellos políticos relativistas, que están convencidos de que “el hombre es la medida de todas las cosas.”

Todo lo que está pasando en España en materia de educación es fácilmente explicable. si partimos del hecho de que la escuela está politizada y se la utiliza como instrumento al servicio de unos intereses partidistas, entonces resulta completamente coherente que los políticos traten de remover todo aquello que pueda suponerles un obstáculo para llevar a cabo sus planes.

La escuela está para fomentar la obediencia y el cumplimiento de un ordenamiento jurídico emanado del parlamento. Es decir, eduquemos al alumno en el gregarismo homogéneo y disciplinado, para que se deje conducir por quienes ostentan el poder, que les otorgó el pueblo igualmente dócil y carente de conciencia crítica.

En la medida en que la filosofía no responde a este esquema prestablecido, ha de resultarles necesariamente molesta y ciertamente que la filosofía no puede ajustarse a esas pretensiones si quiere seguir llamándose tal.

Simplificando mucho las cosas, digamos que la filosofía debe estar presente en el ámbito educativo para cubrir básicamente dos funciones: una puramente formal y la otra de contenido. En cuanto a la primera, de la filosofía como disciplina curricular cabe esperar que enseñe a los alumnos a pensar por sí mismos, tener criterio propio y disponer de una autonomía intelectual personal para no dejarse manipular.

Naturalmente, un sujeto de estas características no solo resulta incómodo para las instancias políticas, sino que también es visto como peligroso, porque en cualquier momento puede convertirse en un rebelde con causa y crear problemas al orden establecido.

En cuanto a la segunda función que debe cumplir la filosofía está la de suministrar al alumno un bagaje intelectual, que le sirva para orientarse en la vida, le ponga salvo del relativismo pernicioso y le libere de cualquier tipo de esclavitud interna, por aquello de que es la verdad la que en última instancia hace libre a las personas.

La filosofía nos enseña que, en orden gnoseológico existen unos primeros principios universales, necesarios e irrefutables, como es el principio de identidad o el principio de no contradicción, que ponen en cuestión la versatilidad de los políticos, que hoy dicen una cosa y mañana su contraria, que en un lugar dicen blanco y otro dicen negro, referido a la misma cosa.

Lo mismo sucede en el orden ético donde podemos encontrar esos primeros principios reguladores del orden moral y de los valores preexistentes, que en manera alguna son creaciones del hombre como se piensa en el ámbito de la política.

Todo lo que llevamos dicho podría resumirse brevemente en cuatro palabras. La educación politizada está basada en criterios de utilidad, en cambio la filosofía nos ofrece una visión bien distinta de la misma, basada en la honestidad.

Después de saber esto  ¿puede haber alguien en su sano juicio que no otorgue a la filosofía un papel preminente en la educación.?

Ángel Gutiérrez Sanz (El Correo de España )