SIN INVESTIDURA

Es un mago del almanaque. Hace auténticas virguerías con el calendario. Siempre a su favor, naturalmente. Hablo del presidente en funciones del Gobierno del Reino de España, de Pedro Sánchez. Supo poner las elecciones generales cuando España entera estaba ya inmersa en la Semana Santa, ora de vacaciones, ora de procesiones, y no le dio el respiro de un mes siquiera para endilgarle las municipales, autonómicas y europeas.

Tal borrachera de urnas hemos cogido entre todos, tal tajada de papeletas, que ya no queremos que nos hablen más de elecciones. Y mucho menos de pactos de las municipales, que no bien hemos salido de ellos cuando ya tenemos aquí los de las autonomías del artículo 143 de la Constitución, donde verá usted cómo también se produce no sé si el milagro, la contradicción o el cachondeo de que por mor de las componendas, un partido que tiene un solo diputado se hace con la presidencia de cualquier comunidad. Cosas peores han ocurrido en la Ciudad de Melilla, sin ir más lejos, aunque Melilla sea más española que el pasodoble de «Las Corsarias».

Todo esto lo ha hecho Sánchez siendo presidente en funciones. ¿Qué funciones? ¿Funciones de tarde y noche, como antiguamente en los teatros? No funciones de «mañana, tarde, noche y madrugada», como en el soneto de Rafael de León.

Lo más sorprendente de este presidente en funciones es que nadie lo considera ya como tal: todo el mundo lo cree presidente chachi y bueno. Metiéndose en camisas de once varas y suplantando el papel constitucional de Su Majestad, por su cuenta, siendo presidente en funciones, llamó a consultas para formar Gobierno a los partidos que le pareció.

Luego, cuando ya terminó su «jugar a las casitas» de Rey que tanto le gusta, y Don Felipe VI le encomendó formal y constitucionalmente formar Gobierno, se deja querer. ¿Qué ha hecho, qué pasos y fechas ha dado, qué promesas o pactos ha proyectado para convocar su sesión de investidura? ¿Usted ha visto alguno?

Pues recomiéndeme a su oculista, porque yo no he visto ninguno. Sánchez está apalancado en La Moncloa como si fuera no presidente en funciones, sino efectivo. El Falcon famoso lo sigue utilizando como antes de las elecciones. En funciones, sin ser investido, le sube el sueldo a los funcionarios, anuncia crujidas de impuestos, asiste en nombre del Reino de España a las reuniones con los líderes europeos que sean menester, toma la batuta de la economía como si tuviera la confianza y el encargo de las Cámaras.

Está encantado de estar como está, en situación tan cómoda que no podía ni imaginar, como si en vez de 123 diputados tuviera mayoría absoluta y su nombre como presidente del Gobierno hubiera ya salido en el Boletín Oficial con la firma del Rey.

Por bocas prestadas de sus ministros, también en funciones, nos suele hacer amenazas de pactar con los enemigos de España, con los que quieren destruirla, si no consigue los votos suficientes para su investidura como presidente, o de convocar nuevas elecciones. Promete o deja de prometer, según le vaya conviniendo en cada momento, puestos en el Gobierno al Marqués de Galapagar, que se le mosquea o está con él a partir un piñón.

Y a todo esto, ¿usted sabe cuándo está convocada la sesión de investidura en las Cortes? España entera está ya pensando en las vacaciones, harta de elecciones y de la tabarra de los pactos postelectorales, y no quiere ni oír hablar de investidura y de más componendas y pactos.

Y, ante los hechos consumados de un señor que funciona de presidente como si lo fuera de todo derecho, ya ni se le pasa por la imaginación pensar que lo es sólo en funciones.

¿Habrá investidura antes del verano? ¿O querrá que lo invistan antes como caballero de la Jarretera, para no ser menos que el Rey? Total, si como sin investidura funciona ya como «el rey de la Jarretera», que suena a Juanito Valderrama…

Antonio Burgos ( ABC )