La hostelería se encuentra en un punto sin retorno tanto por la imprevisibilidad de la evolución de la pandemia como por la errática política de ayudas del Gobierno al sector.

La sangría de empleos resulta desoladora. El negocio hostelero, que representa el 6 por ciento del PIB, se ha quedado ya sin 600.000 trabajadores si en esa cifra se incluye a los cientos de miles que están sometidos a ERTE, con muy poca expectativa de solución favorable.

El sector ha perdido un 20 por ciento de su empleo en solo un año y la avalancha de quiebras persiste porque no se atisba el final.

En este contexto, el Gobierno sigue haciendo oídos sordos a la desesperada llamada de auxilio porque, más allá de sufragar los ERTE -lo cual es imprescindible-, siguen sin aprobarse ayudas directas, como ocurre en otros países.

Las bonificaciones y los aplazamientos fiscales no son suficientes, y sobrevivir en estas condiciones apenas es mucho más que gestionar la miseria.

ABC