SIN » RESISTIRÉ »

Me di cuenta en uno de los muchos vídeos que usted también estará recibiendo, con la manifestación-cacerolada nuestra de cada día, con las banderas de España y el ruido de «la cubertería de plata» de mamá, que dice el rufián de Rufián.

El vídeo recogía la manifestación en la plaza de San Francisco de Sevilla, donde sobre toda la fachada de un edificio habían desplegado una enorme pancarta con el psicopático rostro de Pedro Sánchez, pidiendo su dimisión. Y de fondo, cacerolas al margen, sonaba una canción. Era «Libre», popularizada por Nino Bravo y escrita en 1972 por José Luis Armenteros y Pablo Herrero.

Les sonará bastante la letra, que es de mucho antes que toda la presente hecatombe sanitaria, política, social, laboral y económica que estamos sufriendo: «Libre, como el sol cuando amanece,/ yo soy libre como el mar./ Libre, como el ave que escapó de su prisión/ y puede, al fin, volar./ Libre, como el viento que recoge mi lamento y mi pesar,/ camino sin cesar/ detrás de la verdad/ y sabré lo que es al fin, la libertad».

Caí entonces en la cuenta, como quizá esté usted haciendo ahora mismo, que de pronto se ha dejado de escuchar el «Resistiré», que allá a comienzos de marzo, cuando no se barruntaba la tragedia política y económica que se nos venía encima, fue adoptada por todos como himno contra el Covid.

Aquella canción del Dúo Dinámico con autoría de Manuel de la Calva y Carlos Toro Montoro, que se escuchaba por todas partes y coreaba el heroico personal sanitario que apenas sin protección combatía en los hospitales frente a los casos de la mortal pandemia que nos ha llevado a la presente ruina y, por ejemplo, a la indignidad de que Sánchez pacte con los herederos de la ETA que asesinó a muchos de sus compañeros del PSOE.

Escuchando el «Libre» de Nino Bravo evoqué aquella letra del «Resistiré» que tanta fuerza moral nos dio en los más duros momentos del comienzo de este apocalipsis sin caballos: «Resistiré, erguido frente a todo./ Me volveré de hierro para endurecer la piel./ Y aunque los vientos de la vida soplen fuertes,/ soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie./ Resistiré, para seguir viviendo,/ soportaré los golpes y jamás me rendiré./ Y aunque los sueños se me rompan en pedazos,/ resistiré, resistiré».

Del «Resistiré» hemos pasado al «Libre» de Nino Bravo como himno de esta gravísima hora. ¿Qué ha ocurrido? ¿Que hemos dejado de resistir? ¿Que nos hemos «doblado como el junco», pero ya no seguimos en pie?

¿O quizá que ahora no sólo hay que resistir contra el bicho, sino contra la inepcia y maldades de un Gobierno al que se le ha ido de las manos la situación y está tomando medidas que llevan a España directamente a la ruina, si es que ya no estamos instalados en ella, en la crisis económica más profunda?

Ahora, ahora es cuando habría que cantarle el «Resistiré» no al virus, sino a este Gobierno que está tomando el estado de alarma como pretexto para sacar cada día en el BOE sus decretazos de la destrucción de España, sin tener el menor control parlamentario ni la menor consulta con los sectores afectados, en un casi castrense «ordeno y mando» más caprichoso que peligroso y tan peligroso como caprichoso.

En el que mientras, por ejemplo, se deja fuera de la fase 2 a Granada y a Málaga, motores de nuestra economía y especialmente de la industria turística, se concede cuanto quiere a una Cataluña que oculta el número de muertos del Covid.

Como Sánchez, gran artista de la mentira, ocultó al Congreso que ya había pactado la supresión de la reforma laboral con los herederos de la ETA, cuando se votaba la prórroga, ¡otra!, del estado de alarma que tanto juego le está dando al usarlo como de excepción. Debe de ser que nos hemos cansado de resistir y hemos tirado la cuchara.

Por eso en vez de «Resistiré» el himno de esta hora quizá sea la música de las caceroladas.

Antonio Burgos ( ABC )