SÍNDROME DE ALTURA

Casi cuatro millones de electores han mutado su voto desde las generales de 2016. Es una cifra normal para el país europeo con mayor volatilidad electoral después de Francia. Lo novedoso es que, en un escenario fragmentado, poco cambio de voto provoca grandes alteraciones de poder. Y que los vientos electorales cambian con creciente rapidez; ya no hablamos de mareas, que son mucho más predecibles.

Lo que no cambia es la capacidad de los nuevos actores políticos de cometer los mismos errores que los tradicionales: en cuanto cogen altura centran sus energías en combatir a los propios compañeros. Podemos bajó porque no entendió que el adversario de su votante no era ni el PSOE, ni los líderes de su propia formación, sino Rajoy… y ahora quienes quieren privarles de sus derechos como españoles. De ahí la recuperación del PSOE de antiguos votantes.

Ciudadanos, cuya base electoral es ahora mayor, pero también menos firme, que la de los otros partidos, puede sufrir también síndrome de altura. Ya está dando síntomas al oponerse a que el Partido Popular tenga grupo propio en el Parlament de Cataluña: para sus votantes el adversario es el independentismo no quienes se enfrentan a él. Ahora bien, si Ciudadanos consigue interpretar el sentir social en temas clave –Cataluña, modelo educativo, maternidad subrogada, prisión permanente…- el dato de hoy puede ser su suelo electoral. De ahí la importancia de analizar todas las preguntas de una encuesta electoral donde la del voto es la más volátil.

Narciso Muchavila ( ABC )

viñeta de Linda Galmor