Los habitantes del mundo desarrollado hace décadas que han superado lo de la singularidad. Desde la Revolución francesa hasta aquí, hemos tratado de ser todos libres e iguales, al menos iguales ante la Ley. Esa era la gran conquista de la humanidad.

Esta singularidad vasca invocada por Urkullu y Sánchez para cobrar uno y pagar el otro la deuda de la investidura, me parece una tomadura de pelo al conjunto de España y un insulto a la inteligencia de la ciudadanía. Cada privilegio que se le da a un territorio es una injusticia que se comete con el resto.

Singulares son Vejer de la Frontera o Mondoñedo, Sigüenza u Orihuela del Tremedal, y así miles de pueblos de España que cuentan con una muy acusada personalidad. Cada uno tiene su diferencia, algo que lo hace único.

La racionalidad, sin embargo, nos pone ante la realidad de que la mística del amor a las raíces propias, siendo encomiable, no puede sobreponerse al bien moral de la solidaridad y la defensa del interés general.

Es chocante que a los socialcomunistas de extrema izquierda se les llene la boca con la lucha contra la desigualdad y que sean ellos sus mayores promotores.

El Astrolabio ( ABC )