En mis últimos posts, ya he tenido ocasión de criticar a este Gobierno ausente que, con la excusa de la cogobernanza, ni gobierna ni deja gobernar, y se encuentra en una posición en la que tan solo le importa seguir mandando (cuando y cómo se le antoje).1

Igualmente, he denunciado las injustificables demoras de nuestra Jurisdicción Contencioso-administrativa (aunque no es la única) que es quien debería ocuparse de controlar a los Poderes públicos y no lo hace.2 Me siento como voz que clama en el desierto (como muchos otros), porque las cosas siguen igual o peor, aunque no soy tan incauto como para creer que por la simple crítica de un Profesor esto vaya a cambiar.

Y si he escrito sobre el denominado silencio administrativo, ahora le toca el turno a la estructura que provoca esta absoluta falta de profesionalidad de gran parte del personal de nuestras Administraciones públicas.

Me refiero, claro está, a la llamada “burocracia” (funcionarios de mesa y silla), que está compuesta por los funcionarios de “oficina” y que, con motivo de la pandemia, ni van a trabajar ni trabajan desde su casa.3 Eso sí, todos ellos cobran religiosamente a fin de mes, trabajen o no trabajen (y a eso es a lo que quieren apuntarse muchos). Evidentemente, no incluyo en la “burocracia” a los sanitarios, las fuerzas de seguridad, y tantos otros que, sin tener mesa ni silla, se están dejando las muelas por nuestro bienestar y por nuestra salud (con escasa paga y excesivo trabajo). Para estos últimos todo mi agradecimiento porque a ellos les cuadra perfectamente la conocida frase de Churchill “nunca tantos debieron tanto a tan pocos”.

Voy al grano, porque resulta que, entre los temporales de nieve, los cierres perimetrales y demás medidas que están tomando las CCAA, resulta que aquí nadie mueve un papel, y la única forma que tenemos de comunicarnos con cualquier Administración pública son los famosos Portales electrónicos (o equivalentes).

No soy el único que ha criticado ácidamente el pésimo resultado de estos Portales, tanto por su escasa capacidad como por su defectuoso sistema de funcionamiento, a lo que debe añadirse que quienes se encuentran a cargo de resolver las múltiples incidencias que surgen no tienen ni remota idea.

Y si conseguimos (tras muchos intentos) presentar nuestros escritos, lo que nos aguarda es eso …la espera en vano de contestación porque rara es la vez en que tal cosa sucede (con lo que volvemos a necesitar echar mano del odioso silencio negativo).

Pero, claro, cuando estamos pidiendo algo a la Administración, el silencio negativo nos sirve de bien poco, ante el largo calvario judicial que nos espera hasta llegar a tener una sentencia firme que nos dé la razón y que, luego, sea ejecutada por la Administración (que esa es otra).

Por otro lado, cuando nos oponemos a alguna actuación de la Administración tenemos la posibilidad -teórica, al menos- de solicitar la suspensión de esa actuación y, luego, solicitar medida cautelar en sede judicial. Una medida cautelar que, como es bien sabido, muy rara vez es concedida, porque nuestros Tribunales siguen funcionando bajo la premisa de que todo cuanto hace la Administración es legal (lo cual dista mucho de obedecer a la realidad).4

¿Cuál es, entonces, la situación en la que se encuentran los particulares frente a las AAPP en el momento actual? Pues, sencillamente, la de una absoluta indefensión “de facto”, puesto que si no pueden personarse en las oficinas públicas y tienen como único medio de comunicación los Portales telemáticos …apañados vamos.

No es solo ya el “vuelva ud mañana” de Larra, sino que ni siquiera parece haber nadie al otro lado (o sea, en las AAPP) y en lugar de funcionarios nos encontramos con máquinas (ordenadores) que realizan la mayor parte de las tareas que les corresponden y con las que el simple diálogo resulta imposible.

Pues bien, ante semejante panorama, no es de extrañar que nuestra sociedad se esté dividiendo, a pasos agigantados, en dos segmentos de población diferentes. Más diferentes que el sesgo político de cada uno, porque están enfrentando a quienes viven del dinero público (trabajen o no trabajen) y quienes solo tienen ingresos si trabajan.

Hasta hace poco, lo público y lo privado caminaban de la mano porque se necesitaban mutuamente, pero desde que vivimos en un estado de alarma casi permanente las cosas han cambiado mucho. Y han cambiado porque este Gobierno ausente ha trasladado a todo su aparato burocrático esa abulia y, ahora, es el conjunto Gobierno-burocracia quienes se apuntan al carro de no hacer nada por remediar los problemas de quienes tienen que trabajar para ganarse la vida.

El número de trabajadores en expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) cerró el mes de enero en 738.969 personas, lo que supone 35.625 trabajadores más que en diciembre, según ha informado este martes el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.5 Detrás de un asalariado siempre hay una empresa, y detrás de una empresa lo que hay en estos momentos es una batalla por la supervivencia.

 En particular, en aquellos sectores más vulnerables a las restricciones en la movilidad. Algo más de 101.000 empresas, sin embargo, no han podido sobrevivir. Han echado el cierre desde que hace casi un año la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró la pandemia y los Gobiernos comenzaron a limitar el movimiento de las personas.6

Porque estos inconscientes que nos gobiernan es adonde nos conducen: a un estado “publificado” en donde no exista, o sea mínima y marginal, la iniciativa privada, tal y como sucede en los Estados comunistas. En el año largo (larguísimo) que llevamos con la pandemia se está produciendo una peligrosa disminución de nuestro sector privado (que vive, cada vez, con mayor penuria) y un “deslizamiento” simultaneo hacia el sector público que debería preocuparnos mucho.

No se puede comprender que, con la brutal crisis económica que tenemos se esté incrementando el gasto en cargos elegidos “a dedo” que para nada sirven. Hasta noviembre del año pasado -último dato actualizado en el avance comentado de pagos de la Administración General del Estado- el Ejecutivo había gastado 69,78 millones de euros para pagar a sus altos cargos.

Además, el desembolso para personal eventual marcó un dato histórico, 49,36 millones. En total, 119,14 millones, lo cual es incomprensible, lo cual viene a demostrar lo cierto que es el hecho de que la burocracia es una máquina gigantesca manejada por pigmeos (Balzac dixit)

Mientras, en noviembre pasado el paro se incrementaba en más de 25.000 personas, su mayor alza desde 2012, llegando a la cifra de 3,85 millones de desempleados.

 Aunque … como decía Kipling, eso es otra historia sobre la que escribiré otro día, limitándome, ahora, a poner de manifiesto que con semejante desprecio por lo privado no vamos a ir muy lejos o, todo lo más, a un Estado de corte comunista chavista que, por lo visto, es lo que desean nuestros Gobernantes.

Y es que del Gobierno inoperante hemos pasado en muy poco tiempo a una Administración igualmente inoperante, en donde la burocracia muestra sus mayores defectos, todo ello en claro perjuicio del sector privado que parece ser el chivo expiatorio de todo este rosario de despropósitos.

Al final, nos pasará como al coronel de García Márquez que, durante 15 años estuvo esperando recibir la confirmación de una pensión de veterano de la guerra civil, y como no recibía respuesta alguna decidió dedicar su gallo a las peleas.

Como es conocido, la novela termina con la célebre escena final en la que la esposa pregunta al coronel por la posibilidad de que el gallo de pelea que tenían pierda: «Dime, ¿qué comemos?» a lo que éste, liberado, se arma de valor y le responde: «Mierda«.7

Pues con semejantes pensamientos a flor de piel, y sin deseo alguno de que lleguemos a comer mierda, me despido, sin dejar mi sonrisa etrusca y recordando, que la esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que todo lo han perdido la poseen aún. Por eso digo a Pedro y a Pablo …no creáis que habéis ganado vuestra batalla; aún tenemos mucho que decir y más por lo que luchar

 3. El término burocracia viene del francés «bureaucratie», y este de bureau, oficina, escritorio, y -cratie, -cracia: gobierno. En un sentido original, que se traslada al uso común, burocracia se asocia a ineficiencia, pereza y derroche de medios, debido a lo cual, comúnmente, se usa de manera peyorativa

 En concreto, 101.086 empresas con al menos un asalariado han desaparecido del tejido productivo en los últimos 12 meses. Lo singular no es solamente el número, que representa la liquidación de casi siete de cada 100 empresas (el 6,79%) que existían en España antes de la pandemia, sino que este, lejos de crecer, ha seguido cayendo en el último trimestre en coherencia con el aumento de las restricciones debido a la tercera oleada del virus.

7. El coronel no tiene quien le escriba” es, un de las mejores novelas de García Márquez y su argumento es, resumidamente, el siguiente: Durante 15 años, el coronel baja cada viernes a la oficina de correos del puerto con la esperanza de recibir una confirmación con una pensión de veterano de la guerra civil.

Sin ninguna fuente de ingresos, la única esperanza de ganancia es un gallo de pelea, heredado de su difunto hijo, que el coronel ha estado criando en su casa durante varios meses, con la intención de hacerlo pelear en enero y obtener un beneficio de las apuestas.

El coronel y su esposa discuten sobre la conveniencia de invertir los pocos ahorros restantes en la compra de maíz para la manutención del gallo de pelea. Durante la conversación final, discute con su esposa, la cual le reprocha la total carencia de dinero y su idealismo, ya que carecen de dinero. La novela termina con la célebre escena final en la que la esposa pregunta al coronel por la posibilidad de que el gallo pierda: «Dime, ¿qué comemos?» a lo que este, armándose de valor le responde: «Mierda».

José Luis Villar ( El Correo de España )