Algo no encaja en las aspiraciones de credibilidad del Gobierno si la visita de un ministro como José Luis Ábalos a Canarias para solidarizarse con el drama humanitario de la inmigración se salda con un fin de semana de ocio en un hotel resort de lujo.

Nada puede ser más intempestivo, más inoportuno y menos ejemplarizante que la festiva estancia que organizó Ábalos junto a su familia y parte de su cortejo ministerial, porque desde el mismo instante en que entró por la puerta del hotel la ostentación frente a la tragedia de inmigrantes hacinados, o en shock tras una travesía en altamar, lo convirtió en un ministro insensible.

O como mínimo, imprudente. Si pagó el viaje de su bolsillo, es lo de menos. Y si por el contrario fue con dinero público, urge una fiscalización inmediata.

Pero desde la perspectiva de la ética pública, poco «socialismo» acredita Ábalos. Si acaso, aquel «socialismo caviar» tan demagógico y selecto que cultivó una izquierda muy cínica.

Una cosa es predicar, y otra dar trigo.

ABC