Un mundo entero cabe en esta foto. Un mundo de diseño político con escuadra y cartabón. Son los fontaneros del poder: No deciden, pero influyen; no asumen responsabilidades públicas, pero diseñan estrategias; no les piden autógrafos -tampoco les insultan- pero mandan más que algunos ministros. Son los alfiles del poder real. Los tipos más influyentes de los que no salen en la tele. Iván Redondo y Miguel Ángel Rodríguez.

La foto esconde más de lo que enseña. ¿En qué están pensando? Rostros mutilados por mascarillas que nos obligan a fijarnos en sus miradas, ambas concentradas sobre la figura de sus jefes mientras escenifican una tregua. Pero no se dejen engañar por las apariencias: son Guardiola y Mourinho, Tyson y Holyfield,

 Mozart y Salieri, Mohamed Ali y Foreman, Alonso y Hamilton. Se temen, se observan, incluso se respetan, pero no se gustan.

Son los jefes de gabinete que susurran a Sánchez y a Díaz Ayuso, las dos mentes pensantes de las bambalinas del poder político. Uno, en La Moncloa: frío, calculador, sibilino. El otro en la Real Casa de Correos, caliente, frontal, perro viejo. Uno táctico, el otro estratega, los dos maquiavélicos. El marketing contra la experiencia.

Redondo ha moldeado la figura presidencial de un liderazgo por sorpresa a base de periplos internacionales y fotos a lo Keneddy: había que crear un presidente. Rodríguez ha nutrido de discurso a su jefa elevando el mensaje a la clave nacional. Había que crear una presidenta.

Ayer tocaba tregua. Pero no lo olviden: sólo puede quedar uno.

Juan Fernández-Miranda ( ABC )