» SÓLO SÍ ES SÍ «, PERO SEGURO

Fiel a la promesa de ayer, le traigo a doña Irene Montero (o Irena Montera, o Ireno Montere; en fin, hagan ustedes las permutaciones que gusten), unas ideas para su proyecto de Ley de violencias sexuales. Esa que promueven y publicitan con consigna de manifa: sólo sí es sí.

Como no soy ministro (ni ministra, ni ministre), ni técnico/a/e del ministerio, ni siquiera socialista, considero que doña Irene será capaz (ella o sus subordinados) de ordenarlas adecuadamente, por lo que voy a ir soltando las ideas según me vienen. O sea, sin ningún orden ni concierto. Total, así lo suelen hacer los políticos y nadie les reclama aunque cobren por hacerlo.

En primer lugar, doña Irene disculpará que no repita las diversas combinaciones que su patronímico admite, pero es que resulta pesado, incomprensible, farragoso e inculto. Usted misma o sus feministas rabiosas de guardia lo podrán emborronar después a su entera satisfacción. Y vamos al lío.

Deben tomarse las medidas adecuadas para garantizar que la mujer (fémina, hembra, elijan ustedes el término) consiente libre y voluntariamente las actividades sexuales que procedan.

Para ello, podrían llevar un talonario, con sus correspondientes medidas de seguridad que eviten la falsificación, en el que anotarán (puede ser simplemente marcando una X, dado el nivel intelectual que los podemitas les suponen) si consienten, y en qué actividades. De este talón entregarán una mitad al compañero sexual del momento, con su firma o, en su defecto, huella dactilar o muestra de ADN.

Antes de dar este permiso, la mujer deberá someterse a una prueba de alcoholemia. Esto será imprescindible para eliminar el efecto intimidatorio que algunas dicen sentir cuando son invitadas a unas copas pues (así lo declaraba un estudio que comenté hace unos años) muchas entienden que la ingesta de alcohol las hace más -digámoslo así, dado que no soy podemita, ni socialista, ni feminista- cariñosas. Máxime, dado que el ideal del Ministerio -expresado en una máxima que dice, más o menos, sola y borracha quiero llegar a casa– es que las féminas se empapucen a gusto.

Para garantizar que el consentimiento no está viciado por la ingesta alcohólica, deberían establecerse controles de alcoholemia como los de carretera, y puntos de análisis de estupefacientes a los mismos efectos. Dichos controles serán realizados exclusivamente por mujeres.

Si los resultados de las pruebas de alcohol o drogas no demostrasen la plena capacidad de consentimiento requerida, se podrá requerir la presencia de dos o más testigos (evidentemente también de sexo femenino) que den fe de la disposición de la fémina que tramite el permiso para dar su aquiescencia, así como de las actividades y límites que desea establecer.

Las mujeres que salgan sin compañía femenina que les sirva de testigo y prevean la posibilidad de acercarse al coma etílico, podrán llevar un documento firmado ante notario (mejor notaria, por supuesto), declarando su disposición a dar el si es si aunque en el momento del encuentro sexual su capacidad esté disminuida por el alcohol, las drogas u otras causas. En este caso, sería deseable -aunque no imprescindible- que citase los nombres de los machos autorizados, caso de conocerlos previamente.

En ausencia de todas estas medidas protectoras, podrá considerarse válida la autorización grabado en vídeo, siempre que se observe sin dudas que el consentimiento se otorga sin circunstancia que lo invalide. Debe ser afirmado repitiendo tres veces si es si sin muestras de habla o conducta errática inducida por alcohol o drogas, ni de sentirse intimidada de cualquier forma, y mientras la mujer camina en línea recta sin tambalearse, trastabillarse o reírse por lo ridículo de la situación. Este video debe ser autorizado por dos o más testigas que ratifiquen el consentimiento en el mismo momento, sin que un examen pericial demuestre cortes o edición del mismo.

La Ley debe permitir que las féminas puedan poner en práctica el si es si aunque el macho no esté de acuerdo, pues lo contrario constituiría un maltrato psicológico. Por ello, si algún macho es solicitado por cualquier fémina, debe corresponder con su mejor empeño bajo pena de cárcel, cuya duración estará en función de lo que se niegue a realizar.

No será eximente la ingesta de alcohol, tabaco o estupefacientes, a pesar de que la rumorología indique que dichas sustancias no son buenas para la actividad que se le reclama, y tampoco las causas físicas de ningún tipo que pudieran entorpecer lo que la fémina demanda.

En términos generales, se podrán permitir miradas de duración no superior a los tres segundos, y que no superen las tres veces en diez minutos, siempre que la fémina sujeta a esta observación no la rechace con algún gesto que pueda interpretarse -en la opinión de ella- como de negativa. La transgresión de estos periodos supondrán también pena de cárcel.

Por otro lado, cualquier palabra, frase o dicho que alabe determinadas cualidades de una mujer (vulgarmente conocido como piropo), podrá ser castigado con corte de lengua, a manos de la propia ofendida.

No serán eximentes ni atenuantes la vestimenta de la mujer, ni sus posturas o gestos. La fémina puede vestir como quiera o -si le apetece- ir desnuda, y es su derecho hacerlo y no ser observada por ello. El hecho de que a la Humanidad le costara siglos aprender a usar ropas no quiere decir que esto sea lo correcto, y mucho menos que sea obligatorio para la mujer. Sensu contrario -o sea, doña Irene, en sentido contrario- el exhibicionismo machista será penado con tijeretazo rehabilitador, porque las féminas no tienen por qué soportar que les muestren esas cosas por la calle.

Por último, doña Irene podrá incluir en su Ley algún apartado donde las hembras de otras especies tengan también sus formas establecidas para el consentimiento sexual, lo cual la hará quedar la mar de bien con tantas feministas de su mismo sesgo que anatematizan la consumición de carne o de huevos porque eso supone la violación de vacas y gallinas.

Lo cual -dicho sea entre paréntesis y sin intención de que doña Irene lo incorpore a su Ley, y menos aún de que lo entienda-, demuestra la ingente ignorancia de las gilifeministas, que desconocen los procesos biológicos de la reproducción de los mamíferos y las aves, siendo en este último caso la afirmación realmente risible, porque -aunque las gilifeministas lo ignoren- los huevos que consumimos son precisamente los no fecundados.

En fin, se me quedan muchas propuestas en el teclado pero creo que con esto puede doña Irene (Irena, Ireno) ir poniendo las bases del sí es sí.

Rafael C. Estremera ( El Correo de Madrid )

viñeta de Linda Galmor