SOMOS COMO TUITEAMOS

Escribía el sábado pasado Lucía Méndez que Twitter se ha convertido casi en un lupanar en el que ya no merece la pena estar. La red social ha tornado en un literal campo de batalla en el que unos y otros -desde políticos, pasando por periodistas, policías o profesionales universitarios, incluso insignes académicos de la Lengua- se insultan y se desean lo peor. Méndez consideraba que Twitter “está minando los fundamentos mismos de la profesión periodística” y abogaba por “echar el candado”.

Tiene razón. Cada vez más, Twitter recuerda a esas imágenes de los campos de fútbol en los que unos desalmados insultan con gritos y gestos al árbitro que se ha equivocado o a la estrella rival que acaba de marcar un gol. Es posible que esos espectadores desencajados llegarán a su casas y serán padres ejemplares, o se incorporarán los lunes a su trabajo como un empleado más de su empresa.

Estoy con mi compañera en que, en cierto sentido, Twitter empieza a ser insufrible para los periodistas en nuestro país. Es un asunto que también afecta a la red social en medio mundo y una de las causas por la que, según muchos expertos, no termina de cuajar frente a Facebook o Instagram y hace que la empresa no gane dinero y lleve un camino demasiado torcido en Bolsa: en Twitter hay demasiado troll y es muy difícil combatirlos.

El riesgo de todo esto es mitificar la red social como si tuviera vida propia. Y nos puede pasar también a los periodistas. Al margen de que cada uno es dueño de su timeline, es decir, puede elegir sus contactos y siempre tiene la opción de bloquear a quien no le guste, la cuestión es que seamos conscientes de que las redes sociales no son más que lo que sus usuarios queremos que sean. Para tenerlo en cuenta, fijé en mi perfil este tuit: “Twitter es… lo que somos quienes estamos en Twitter. Que a su vez somos los mismos que no están en Twitter”.

Twitter es el reflejo de la sociedad pero amplificado exponencialmente por las tecnologías de la comunicacion. La ¿señora? que deseó a Arrimadas una “violacion en grupo” seguro que ya lo había dicho en su ámbito antes de escribirlo. Y Pérez Reverte considerará “idiota” a Julian Assange con Twitter o sin Twitter. Abandonar la red social o clausurarla no va a solucionar pues, el problema. No hay más que ver el comportamiento de políticos y periodistas en algunas tertulias televisivas supuestamente informativas.

Esta semana ha circulado por las redes sociales el bochornoso espectáculo del presentador Juan y Medio en su programa de Canal Sur cortando la falda a una compañera en directo… no se sabe con qué intención. Ella ha dicho que fue una broma pactada. Desde luego, es libre de hacerlo, aunque si es así ha demostrado que en esta ocasión no estaba entre las cabezas que pensaban. Pero a lo que iba, la absurda ocurrencia del presentador se produjo fuera de Twitter, aunque la red social difundiera esa estupidez.

Antonio Machado dijo que de cada diez cabezas españolas una piensa y nueve embisten. ¿Ven? El poeta ya se daba cuenta de ello y en las primeras décadas del siglo XX no había redes sociales. Por eso creo que es conveniente permanecer en Twitter: descubrimos cómo son y nos descubrimos ante ellos. A lo mejor, sirve para cambiar, aunque sólo sea por vergüenza, como el cuñado borracho que hace el ridículo a la vista de todos en el baile de la boda y se ve en el vídeo. A la postre, somos como tuiteamos. Y eso es bueno aunque a veces haya que hacer de tripas corazón.

Vicente Lozano ( El Mundo )