SOÑADORES

Yo creo que,  por primera vez en España y en el resto del mundo, todos entramos todos en la  categoría de soñadores, incluso los pesimistas cuyas fantasías siempre terminan mal, pero en esta ocasión no hay nadie que no fabule con algo agradable,  por pequeño que sea, y es que en tiempos de escasez y prohibiciones, según para quien,  un poco de agua es un tesoro en el desierto, un abrazo amigo es oxígeno para el alma y un beso con lengua es un ansiado pecado mortal.

¿Quién le iba a decir a un ciudadano de la fase 1 que a partir de hoy   iba a ser un privilegiado por poder tomarse una cerveza entre amigos, mientras que hombres y mujeres de otras provincias  tendrían que seguir imaginando ese momento un par de semanas más como si viviesen en un gueto apestado?

Aunque conviene que cada uno “se lo haga ver”  porque los retrasos en los cambios de fases dependen también del número de descerebrados que actúan  contagiándose y contagiando sin cumplir ninguna recomendación sanitaria.

Pero yo aquí he venido a hablar de sueños y no de kamikazes .

Mi sueño es  volver a vivir las mejores situaciones de lo que antes era normal,  con la esperanza de que todo será mejor, y ese escenario tiene que ver con una mayor calidad humana a la que unos regresaremos y otros no.

A veces pienso en  algunos personajes de los Estados Unidos, un gran país que ha sobrevivido  a los peores momentos de su historia porque siempre hubo un líder que tenía un sueño y conseguía  contagiar a su pueblo de él.

I have a dream simbólicamente era un mensaje contra la pandemia de la desigualdad y el odio entre ciudadanos de una misma  nación, pero al igual de Martin Luther King, John Kennedy quiso inocularle a sus compatriotas el sueño  de hacer algo bueno por su país, y el que expresó con más altura de miras esa esperanza fue Neil  Armstrong, al llegar a la luna  y decir que aquello era un gran paso para la humanidad.

Hoy volvemos a estar en un momento crítico y necesitamos soñadores en España, pero no me refiero a los que solo piensan en sí mismos  y devalúan el concepto de liderazgo atribuyéndose esa categoría , sino a los ciudadanos de este pueblo que son los que están demostrando, compromiso, entrega, generosidad , sabiduría y categoría de hombres y mujeres grandes.

Ellos – los del sueldo garantizado, los comisionistas en tiempos de crisis, los mentirosos sin perdón, los que no se unen para salvarnos-  son un accidente de la historia, y cuando esto pase tal vez  tengamos la suerte y el acierto de elegir a  algún soñador inteligente y honesto al que aún no conocemos pero que existe en algún  lugar de la sociedad civil o en algún partido porque entre los que conocemos no hay un solo soñador.

Diego Armario