SONATA DE GALAPAGAR

Hay semanas en las que lo mejor es quedarse en pantuflas leyendo a Adorno y Chomsky y no salir de casa (sobre todo si posees un refugio confortable, por ejemplo un pazo serrano de casi un millón de euros). La ministerial pareja vive una semana aciaga.

Un carrusel de sobresaltos está mostrando a los admirables Irene y Pablo como lo que probablemente son: un par de hábiles sofistas de asamblea universitaria, sin preparación para gestionar una partida de Monopoly y más preocupados por flotar que por servir al pueblo (antaño «La Gente»).

La semana fantástica comenzó el domingo. A Iglesias Turrión no se le ocurrió nada mejor que obligar a sus guiñoles del politburó a promover una reforma del Código

 Ético podemita, a fin de que el líder y su mujer puedan cobrar más. Aunque el partido es hoy el juguete de la pareja ministerial, la maniobra fue tan cutre y pesetera que algunas voces internas tuvieron la dignidad de ponerlos verdes.

La fiesta continuó el lunes. Irene quería estrenar algo chupi para el 8-M: una ley superfeminista de Libertades Sexuales, como si las mujeres españolas viviesen en el Irán que pagaba el programa televisivo de su pareja. Así que se reunió con su equipazo, el del famoso vídeo del cumple del bebé en el ministerio, y en alegre progresía y feliz vibración LGTBI se pusieron a redactar una ley.

Resultó un truño de una burramia jurídica asombrosa (incluso para los estándares de Podemos). Carmen Calvo, que vive convencida de que el feminismo lo ha inventado ella, se ha tomado fatal que Irene quiera desbancarla como profeta del movimiento y la estaba esperando con la faca. Así que al ver la chapuza de la mujer de Iglesias ordenó al ministro de Justicia que la corrigiese.

Había hasta errores ortográficos. Amén de que la gran Irene había incorporado 25 novedades legislativas revolucionarias… que ya estaban contenidas en reglamentos de leyes en vigor.

La noche en Galapagar debió ser toledana, porque a la mañana siguiente, en cuanto tuvo un micro a la vista, un enfurruñado Pablo Manuel tachó de «machista frustrado» al ministro de Justicia (PSOE). Impera tal armonía en la Coalición Progresista que ya vemos a Pedro organizando pronto otra convivencia de ministros. Dado el nivel de madurez, propongo ir directamente a Eurodisney.

Tercera banderilla. Pablo Manuel, con una vicepresidencia florero y demasiado tiempo libre, salió ayer a entretener la tarde impartiendo una conferencia en la Facultad de Políticas de la Complutense sobre «reaccionarismo y fascismo». A priori jugaba en casa.

Allí sembró el embrión de Podemos. Era el mismo auditorio donde en 2010 había capitaneado un lamentable boicot a Rosa Díez (por entonces los acosos le parecían «jarabe de democracia»). Un grupo de energúmenos, tan condenables como lo fue él hace diez años, lo interrumpieron gritándole «vendeobreros» y acusándolo de «chupar del bote». Querido Líder se mantuvo frío y hierático. Pero la mirada ardía de ira.

Nuestros chicos quieren ser a la vez activistas y ministros. Antisistemas y casta. Comunistas y alto burgueses. Y claro, la hipocresía canta.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor