SOS: SALVEMOS A LOS POLÍTICOS…DE RAZA

Los políticos de raza caminan hacia la extinción en España. Me refiero a aquellos profesionales que son brillantes antes de llegar a la política y que cuando llegan a ella toman sus decisiones pensando en las generaciones venideras. Aquellos que no solo tienen la vocación de mejorar el país, sino también la capacidad de conseguirlo. Los pocos que hoy piensan que España debería aprovechar la crisis italiana para convertirse en el socio de referencia del Sur de Europa. O que reflexionan sobre cómo mantener la fortaleza de la Unión cuando la toma mundial de decisiones se desplaza del Atlántico al Pacífico.

La creciente exposición de la vida privada de los líderes está desviando el debate y deteriorando a pasos agigantados la política española. Es el ajuste de cuentas de la sociedad con unos dirigentes que frecuentemente no han tenido una respuesta adecuada ante sus problemas o no han cumplido sus promesa. Que han impuesto la partitocracia sobre la meritocracia entregando los organismos públicos no a los mejores, sino a cuotas de partido. Y que no dudan en usar precisamente la vida privada del adversario como arma de ataque político.

Pero este ajuste de cuentas conduce hacia un sumidero de difícil salida. ¿Qué gran cerebro dará el paso a la política cuando su vida personal, sus domicilios o sus conversaciones privadas pueden quedar expuestas al vapuleo público? Si el debate político sigue transcurriendo por las alcantarillas, solo querrán postularse a liderar los que no tengan nada que perder. Aquellos sin oficio ni beneficio que ingresan en los movimientos políticos juveniles sin convicción, olfateando el olor de un cargo en el futuro. ¿Queremos que sean éstos los que tomen las complicadas y trascendentales decisiones del país o queremos que lo hagan los mejores?

El deterioro de la política exige dignificar una tarea que tiene en sus manos el futuro de todos. La respuesta, que no ha entendido Podemos, no es quitar privilegios. La falta de acierto de los dirigentes no va a solucionarse por el hecho de rebajar su nómina. Probablemente, al contrario. Ahora mismo hay diputados de Podemos que se quejan de sostener a su familia a duras penas con lo que ganan, mientras otros critican la ineficacia de ir en transporte público a reuniones fuera del Congreso. No debe ser ése el cambio.

El viraje de la vida política debe ser hacia la total meritocracia y una mayor democracia interna en los partidos. Hacia la atracción de los mejores para que, parafraseando a los scout, los políticos dejen el país mejor que lo han encontrado. Alemania o Reino Unido son ejemplos de cómo los afiliados pueden tener mayor capacidad de decisión. Y en Francia, De Gaulle impulsó la prestigiosa Escuela Nacional de Administración para transformar al alto funcionariado del país. La política española debe relegitimarse. Y los primeros que tienen que comprometerse con ello son los partidos, pero después la sociedad. Solo así salvaremos a los políticos… de raza.

Ana I. Sánchez ( ABC )