SOY TU AMIGO

Me reconcilia con Sánchez su afición a Bambino. «Por qué tienes ojeras esta tarde, dónde estás, amor, de madrugada cuando busqué tu palidez cobarde en la nieve sin sol de la almohada…». El hombre de los 27.000 muertos oficiales y de las 15.000 empresas cerradas se consuela escuchando a Ignacio Carnicero haciendo «playback» sobre la voz pastueña del mítico rumbero: «Y por qué te consume esa pena si sabes, ay amor, tú bien lo sabes que yo soy tu amigo, tu amigo, tu amigo…». La amistad no es lo mismo que el amiguismo. Cuidado.

El amiguismo es la piel de la pandereta de España, que necesita la participación inexcusable del dedo para que vibren los platillos. En cambio, la amistad nunca es folclórica. Ejemplo puro de amistad.

La duquesa de Alba sale de la cárcel tras visitar a un preso, los periodistas le ponen la alcachofa para reprocharle su apoyo al delincuente y ella responde: «He venido a verlo porque es mi amigo.

La cárcel es el lugar en el que debe estar mi amigo y en el que yo debo visitarlo». La amistad es una relación en la que no se busca el beneficio material. El amiguismo es justo lo contrario. Ambos conceptos guardan la misma proporción que autoridad y autoritarismo.

El homenaje que le ha hecho el presidente a Bambino colocando a su viejo colega de la infancia como director general de Agenda Urbana, vulgo 90.000 del ala, es como el «Luis, sé fuerte» de Rajoy a Bárcenas. Compadreo de moqueta.

Ese tipo de vínculo que se alimenta de intereses materialistas -un sueldo por no hacer nada sólo difiere de una cuenta en Suiza en la cantidad, no en la calidad del fraude- suele terminar en cuernos. Pongamos otro caso práctico. Acaba de ascender el jefe de la Guardia Civil del aeropuerto que dejó pasar las maletas de Delcy.

Qué tiempos aquellos tan remotos, por cierto. Lo que quiero decir es que la intriga pervierte cualquier escenario. Si Carnicero tiene un gran currículum, ¿por qué no lo aprovecha para trabajar en otro sitio y evita así que su amigo Pedro Sánchez pueda ser acusado de favoritismo? Al guardia de Barajas, que a lo mejor es buenísimo, siempre le quedará la marca del «Delcygate».

La sospecha del amiguismo quiebra toda amistad por muy honda que sea. Por eso las personas serias, las que se visten por los pies, siempre perjudican a sus amigos cuando tienen poder de decisión en las contrataciones aunque estén convencidos de que no hay nadie mejor para el puesto.

¿Qué credibilidad tendría un periodista que publicase reportajes de las empresas de sus amigos y entrevistase a su mujer?

En el Congreso de los Diputados hay un matrimonio que manda en el país de manera «superdrástica». La típica endogamia populista. Confieso que a mí siempre me han parecido entrañables los republicanos que al morir dejan la nación en manos de su familia.

El poder es una bicoca para los mindundis, que tienden a pensar que no existe en el mundo nadie más listo que su hermano o que su amigo de toda la vida. Recuerdo un concejal de pueblo que tenía una empresa de construcción a la que adjudicaba todas las obras.

Cuando lo publicamos en el periódico, el hombre se presentó en la redacción para protestar. Su argumento fue para mí una lección: «Pero, hombre, eso cómo va a estar mal. ¿Quién va a hacer mejor esas obras que yo, que como concejal quiero lo mejor para el pueblo?».

¿Quién va a llevar mejor la «Agenda Urbana» (¿?) del Gobierno que el amigo del presidente? ¿Quién va a organizar mejor el 8-M -¡viva!- que la mujer del vicepresidente? Insisto en que me reconcilia con este Gobierno su pasión por Bambino. Nadie canta como esta tropa aquello de «mi amor es mío y no conoce los sufrimientos»…

Los sufrimientos son para usted, que encima es el que paga este desastre.

Alberto García Reyes ( ABC )