Algunos de mis amigos de izquierda dicen que soy de derechas porque critico sin piedad a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, cuando si quisieran profundizar en esa tesis y además supieran hacerlo descubrirían que no es lo mismo ser de derechas o de izquierdas a estar en la sumisión suicida de los postulados de  una u otra opción política.

Sé que lo más eficaz es ponerles etiquetas a las personas  y analizarlas como si fuesen robots programados en vez de seres inteligentes,  porque de eso se trata de clonar la mente y las conciencias  y formar ejércitos de sumisos que acepten con naturalidad la sustracción sistemática de parcelas de libertad que luego no les serán devueltas.

Casi nadie hoy en día debate esos riesgos en un espacio común que debe superar las ideologías  porque de lo que se trata es de defender principios compartidos por los demócratas que votan a los inútiles o felones de la derecha o la izquierda.

Entre personas inteligentes y con  una formación básica – a la que jamás llegarán las nuevas generaciones de estudiantes que a partir de ahora podrán pasar de curso sin límite de suspensos – sería fácil ponerse de acuerdo sobre las bases que inspiran la Constitución, señalan nuestras obligaciones  y protegen nuestros derechos y libertades.

Si alguien no se ha dado cuenta de que cuando Sánchez o Iglesias mienten  sus víctimas no son solo quienes no les votan sino también los que les siguen como ovejas al matadero, debería hacérselo ver.

De la misma forma que cuando gobernó la derecha robó de forma inmisericorde, hizo favores y repartió licencias a medios de comunicación para recibir un trato favorable, colocó a amigos y renunció a ser coherente con lo que había predicado, la actual “puta izquierda” (estoy citando a Cristóbal Montoro que hablaba de la “puta derecha”) se está ciscando en todas las promesas que hizo Sánchez,  que gobierna con cesarismo y aprovechamiento personal sin que le importen un carajo sus votantes que también están sufriendo esta crisis.

El debate sobre qué es izquierda y qué es derecha en estos momentos están condicionado por la falsaria actitud de los actuales dirigentes políticos  que han manoseado, prostituido y traicionado los verdaderos valores que representan, y por eso cualquier ciudadano con formación y criterio tiene muy difícil adherirse a las propuestas de uno u otro lado sin renunciar a  ser crítico según su libre discernimiento.

¿Cómo se explica si no que tanto la derecha como la  izquierda tenga  su propio  club de apestados en el que les han hecho un hueco a muchos de sus antiguos dirigentes o militantes que sostienen con riesgo su coherencia?

Diego Armario