SUMISO CON TORRA, CHULO CON TRUMP

En el colegio, cuando nos explicaban los honores al Santísimo al pasar ante el sagrario, siempre había un jesuita guasón que resumía: «Y en la duda, doble genuflexión». Es lo que ha hecho Sánchez en esta triste semana de visita «ad limina» a Torra en Barcelona.

En la duda de que puedan peligrar los presupuestos y la propia estabilidad del Gobierno ante la abstención de los separatistas catalanes, doble genuflexión. Va hasta Barcelona para que ellos no tengan que molestarse en venir al Madrid centralista y opresor; se visita a Torra como si uno fuese el presidente de un país vecino y no de toda España. Y luego se cumplimenta a Ada Colau y se le promete cuanto pida por

 esa boquita sobre alquileres, su gran anterior especialidad en los desahucios.

El símbolo de la humillación de España ante los golpistas separatistas condenados por sedición ha sido el cabezazo a Torra de Iván Redondo, el «gurú de La Moncloa». Si en aquel momento no sufrió una lesión de cervicales ya no la padecerá nunca. ¡Qué forma de cuadrarse! Mi única duda es si hubo taconazo o no. ¡Ya quisiera el Rey que le dieran el cabezazo de respeto que Redondo le arreó a Torra!

Cuando Don Felipe VI recibió el otro día en Palacio a los embajadores extranjeros no hubo uno solo, ni el británico, que lo saludara con la perfección de Redondo a Torra. Ah, y antes de que se me olvide. Cuando van a los premios Goya, todos se ponen de esmoquin y corbata negra de lazo.

Pero cuando se trata de recibir al Rey en el Congreso de los Diputados para la solemne apertura de la XIV Legislatura, puede irse descorbatado y despechugado. De trapillo. Y saludarlo de cualquier manera, hasta pasar de largo con el carricoche de Echenique.

¿Usted sabe cómo se dice en andaluz coloquial esto de Sánchez tragando en Barcelona ante los separatistas? «Hocicar». ¿Cuándo quiere usted el referéndum, honorable? ¿Para cuándo le programo la amnistía de los presos políticos? ¿Quieren más dinero, que como ahora le hemos negado el IVA a las autonomías que no son de nuestra cuerda estamos que lo tiramos?

Y lo peor, el lenguaje: asumir el lenguaje de los independentistas. En el discurso medido y quizá pactado que Sánchez leyó tras su entrevista con Torra, en el que repitió cientos de veces las palabras «diálogo» y «reencuentro», lo peor fue confirmar que el hocicamiento ante los separatistas ha sido tal que hasta han asumido su lenguaje.

Lo de llamar «conflicto político» a la aplicación lisa y llana de la Constitución es lo menos fuerte. Por cierto: «Constitución» es una palabra que habrán observado que se evita y rodea, para que no se enfaden. Ahora es «ordenamiento legal» y circunloquios por el estilo.

Todo esto ante un señor al que la Justicia le ha retirado su acta de diputado del Parlamento de Cataluña y ocupa la presidencia de la autonomía ilegalmente: hocicamiento. Pero ante Trump, ante el jefe de la mayor potencia mundial, leña al mono. Y amenazas. De auténtica broma.

Quien humilla a España ante los separatistas catalanes se atreve a desafiar al presidente Trump. Las ministras de Exteriores y Defensa advirtieron al embajador de Estados Unidos en nombre del Gobierno que España avisa a Trump de que la hostilidad comercial de los aranceles a nuestros productos pone en riesgo una mayor cooperación militar. Que como sigan así los echamos de Rota, vamos.

¡Con lo que le importará a Trump llevarse el escudo de misiles a Italia y quedarse tan pancho! Era lo que nos faltaba: que en Rota, que vive de la Base, se quedaran sin trabajo los 10.000 españoles que tienen allí su empleo, después de que con el Brexit peligre el de los 15.000 campogibraltareños que cada día entran a trabajar en el Peñón.

Digo lo de Caracol el del Bulto con la locomotora: esos cojones con Trump me los echa usted con Torra, señor Sánchez.

Antonio Burgos ( ABC )