La Litografía de Escher que ilustra este artículo muestra a varios hombres que suben y bajan, al tiempo, la misma escalera, que tampoco se puede saber si es ascendente o descendente, porque es ambas cosas a la vez. Los conceptos de arriba y abajo se confunden dando una perfecta imagen de lo que puede llegar a significar la contradicción.

Lo mismo que Sánchez en su obsesivo afán por salvar su puesto en La Moncloa: cuando aparenta subir por los peldaños del Estado de Derecho, en realidad los está bajando, en una monótona contradicción entre lo que dice y lo que hace.

La explocsion de lava en la isla de La Palma le obliga a viajar allí para realizar la asombrosa declaración de que “la seguridad está garantizada” y para decir que “los ciudadanos de La Palma tienen que estar tranquilos».

Evidentemente, los ciudadanos de La Palma no están ni mucho menos tranquilos (sino todo lo contrario), como lo estamos todos los españoles cada vez que este individuo hace una promesa. Y añade que «toda España está con La Palma», al tiempo que ha garantizado el «compromiso total, absoluto y rotundo» con la reconstrucción de todos los daños que pueda producir el volcán que explotó en la isla.

O sea, meras palabras que se lleva el viento, porque está ocupado con otros asuntos de mayor envergadura e importancia para él mismo, en ese juego malabar que se trae entre manos. Como en la ilustración de Escher, sube y baja al mismo tiempo, sin caer en la cuenta de que, como bien decía Oscar Wide, “amarse a uno mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida”.

Y es que Sánchez, avanza lento, como la lava, pero de forma inexorable hacia la destrucción misma de España, por unos caminos cada vez más contradictorios (porque se va adaptando a los acontecimientos a medida que se producen).

Apoya las ansias independistas de los catalanes de ERC y JxC (que desprecian la bandera española), pero en las recientes comparecencias se le puede ver con una mascarilla que lleva nuestra bandera. Y apoya el inadmisible homenaje a los asesinos etarras como si la cosa no fuese con él, aunque cuando Puigdemont es detenido en Cerdeña se le descomponen los planes, aunque declara que la Justicia debe hacer su trabajo.

Sube y baja las escaleras imposibles de Escher, con un malabarismo propio de un saltimbanqui, y tan pronto se coloca arriba como aparece abajo, con una agilidad propia de los monos de Gibraltar. Quincalla de puro marketing (como, hace poco, decía J. A. Vara), porque, como decía Tácito, para quienes solo ambicionan el poder no existe vía media entre la cumbre y el precipicio.

Y mientras, sigue desempeñando su papel (el de ahora sí, ahora no), de la boca de sus Ministros salen lindezas tales como la de Reyes Maroto, diciendo lo maravilloso que es el espectáculo de la lava. Vergüenza es una palabra suave para describir lo que sentimos muchos, ante semejante salida de pata de banco, al contemplar el horror que están viviendo los habitantes de esta isla. Los Reyes estuvieron en La Palma, pero su forma de acercarse a las gentes de allí fue muy diferente a la de Sanchez, mostrando una empatía con su dolor de la que se encuentra muy lejos nuestro Presidente.

¿Y por qué Sánchez no tiene problema en visitar dos veces La Palma en tres días y no se le vio el pelo por los hospitales, por las morgues, por ninguna parte durante la pandemia?

Eso se preguntaba Carlos Herrera hace unos días, y tenía la respuesta clara:” bueno pues porque sabe que esto del volcán no se le puede culpar a él, no tiene la culpa tampoco de que hubiera venido el bicho desde Wuhan, pero sí es cierto que a los hospitales no acudía porque en el fondo sabe que su gestión de los primeros meses de la pandemia fue absolutamente negligente, además del desprecio a los miles de fallecidos que no contabilizó en las listas oficiales.

Ahora sí, ahora y más con el Rey, que quieres que te diga, concluía Herrera.

JoséLuis Villar ( El Correo de España )