SUSTO O MUERTE

España lleva camino de acabar igual que el Perú : jodida.

Aquí,  en cambio, no tenemos a nadie que , como Vargas Llosa en sus “Conversaciones en la catedral,” se haga la pregunta de cuándo comenzó nuestro país a caer por la deriva de la nada, a pesar de que  estamos a tiempo de salvarnos de la hecatombe.

La respuesta es sencilla  y las causas resultan evidentes aunque eso no significa que vayamos a poder resolver el problema sin esfuerzo,  pero cualquier persona medianamente aseadita puede entender lo que nos está sucediendo.

A un largo periodo de recuperación de libertades, de  esfuerzo común por salir de donde veníamos, de convivencia entre quienes pensaban de forma distinta y del desarrollo económico y formativo de la gente de este país,  se fue produciendo una relajación de las normas que  permitió a los dos grandes partidos del sistema y a  sus socios nacionalistas, corromperse hasta la médula de su ausente conciencia,  y  hoy muchos de sus dirigentes  están pagando sus tropelías en la cárcel o fuera de la política, y otros permanecen  a la espera  de la decisión  que adopten los jueces que llevan sus casos.

A esa generación de políticos que hicieron mucho por este país y acabaron queriéndose cobrar en B el esfuerzo de sus insomnios, la ha sucedido  otra, bastante mediocre, cuya única aportación ha consistido en recuperar los peores sentimientos de odio y división social que habíamos superado durante la transición.

Han tardado poco en corromperse y lo han hecho con un descaro más fresco, porque niegan las evidencias de sus excesos, se aprovechan de las ventajas de su nueva posición,  utilizan los recursos y estructuras del estado con ansia devoradora en su propio beneficio,  y dan por buenas las sociedades interpuestas o los créditos bancarios favorables que hasta hace unos meses condenaban.  Sin embargo tienen la ventaja de que lo hacen desee la izquierda que es una patente comúnmente aceptada para justificar cualquier demasía.

En mi opinión lo más grave que nos puede suceder  no son esas chorizadas,  fruto de la desvergüenza trincona de estos nuevos ricos, sino la debilitación de las instituciones del estado que irresponsablemente intentan llevar a cabo los socios preferentes de un Presidente de gobierno cuyos principios son tan mutables e inestables como los de cualquier charlatán de feria.

Estos genios han llegado al gobierno en el mejor momento posible, porque una sociedad hastiada de la corrupción anterior  ha tenido que elegir entre susto o muerte… y lo ha hecho.

Asistimos a la derrota de la razón frente a la emoción.

Diego Armario