TAL PARA CUAL

Cuando un tramposo juega con una persona normal, lleva todas las de ganar porque la persona normal respeta las reglas mientras el tramposo las infringe. Pero cuando dos tramposos juegan, las trampas de uno anulan las del otro y el resultado suele ser desastroso para ambos. Ocurrió en la cumbre, o lo que fuese, del pasado día 20 en Barcelona. Sánchez llevaba en la manga la carta «como no apoyéis mis presupuestos os encontraréis con alguien mucho peor en La Moncloa».

Torra le esperaba con 21 demandas, entre ellas un referéndum de autodeterminación, mediación internacional, democratización de España (¡olé!) y, agárrense, desfranquización. «Si no ocurre, los presupuestos se van a pique», vino a decirle. En vez de enviarle a paseo, el pánico de Sánchez debió de ser tal que calló como un muerto.

Pero Torra, que a farruco no le gana nadie, lo ha hecho público. Y ahí los tienen, como dos duelistas, apuntándose con sus respectivos chantajes, sin saberse si van de veras o de farol, pues basta que dispare uno para que caigan los dos. De hecho ya han caído.

Ni Sánchez tiene potestad para autorizar un referéndum catalán sin suicidarse políticamente, ni Torra puede echarse atrás de las balandronadas que ha lanzado sin que se vuelvan contra él quienes las han creído.

De entrada, Sánchez goza de cierta ventaja al poder presumir de que ha resistido el ataque del separatismo, con el artículo 155 si es preciso, y gobernar con el presupuesto de Rajoy, aderezado con sus «medidas sociales» pasadas por decreto-ley. Mientras a Torra sólo le queda azuzar a sus comités de choque, que ya han probado la dureza de las porras de los mozos de Escuadra, y él mismo puede ir la cárcel si se pasa un milímetro en las órdenes que dé.

Como último recurso, puede largarse a Waterloo a hacer compañía a su jefe. Pero a ver quién les envía entonces el dinero para mantenerse.

El secesionismo catalán está partido entre quienes piden independencia ya y quienes prefieren dejarlo para mejor ocasión, con Junqueras y algún otro encarcelado defendiendo esta alternativa. Sánchez es el clavo ardiente al que pueden agarrarse. Un papel que no le favorece en absoluto.

Ser el asidero del secesionismo no es ningún timbre de gloria para un presidente del Gobierno español, ni siquiera en su partido. Susana Díaz, que perdió la presidencia andaluza por los devaneos de Sánchez con el independentismo catalán, ya advierte que está echando un pulso al Estado que no debe consentirse.

Otros líderes territoriales socialistas pueden pensar lo mismo y no quieren correr igual suerte. Lo que significa que de la cita en Barcelona, planeada como trampolín del «diálogo», sólo ha salido más confrontación. Es lo que suele ocurrir, les decía, en las partidas entre tramposos.

Ni Sánchez ni Torra juegan limpio y ambos han salido tocados. Si es mortal lo sabremos las próximas semanas. Pero que al menos uno de ellos no sobrevivirá puede darse por descontado. ¿Cuál? El que más mienta. Difícil decirlo, ¿verdad?

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor