¿ TANTO CUESTA PEDIR PERDÓN ?

Soy bien consciente de que nuestros medios no siempre llegaron a tiempo a todos los lugares donde hacía falta. Soy consciente, asumo los errores, pido las disculpas correspondientes a aquellas personas que en determinados días han echado en falta medios y recursos de los que en ese momento sencillamente no disponíamos».

¿Recuerdan este acto de contrición? Su protagonista fue José María Aznar allá por diciembre de 2002. Cincuenta y una palabras para pedir clemencia por los errores cometidos durante la gestión del desastre del Prestige.

«Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir». Don Juan Carlos hacía historia una vez más, pero en esta ocasión para pedir perdón a los españoles por ir a cazar elefantes a

 Botsuana cuando la crisis financiera golpeaba a nuestro país con dureza. Once palabras. Una frase sencilla, no hacía falta más. Corría el mes de abril de 2012.

«Me equivoqué. Señorías, lo lamento, pero fue así. Me equivoqué en mantener la confianza en alguien que ahora sabemos que no la merecía». Los ciudadanos no tardamos más de dieciséis meses en escuchar otro reconocimiento público de errores. En este caso de Mariano Rajoy por permitir a Luis Bárcenas custodiar las finanzas del PP. Tres verbos de culpabilidad repartidos entre veintitrés palabras. Rápido y simple. Agosto de 2013.

«En nombre del PP quiero pedir disculpas a todos los españoles por haber situado en puestos de los que no eran dignos a quienes en apariencia han abusado de ellos». De nuevo Rajoy, ahora por la Operación Púnica. Treinta palabras para asumir directamente las responsabilidades. Octubre de 2014.

Cuatro ejemplos de búsqueda de perdón, de intento de reconciliación con la sociedad ante evidentes errores en los que no hubo que lamentar muertes ni daños personales más allá de la indignación que hoy mismo recorre a la población.

Los desaciertos cometidos por el Gobierno socialista ante esta pandemia tienen tal magnitud que los perpetrados por el gabinete de Aznar durante la catástrofe del Prestige parecen pequeños. La opacidad y la falta de empatía desplegada por un Ejecutivo que no declara luto oficial pese a la muerte de 17.489 ciudadanos, ni se preocupa de llevar buena cuenta de los fallecidos supera por mucho la que demostró Don Juan Carlos con su viaje a Botsuana.

El dinero robado por quienes practicaron la corrupción en el PP de Rajoy se queda muy atrás de los recursos económicos triturados por las imprudencias del equipo de Sánchez.

¿Tan difíciles de decir son aquellas cincuenta y una palabras de Aznar, aquellas once de Don Juan Carlos o aquellas veintitrés de Rajoy? El Ejecutivo socialista no es culpable de que exista el coronavirus pero sí lo es de no haber preparado al país para su llegada y de haber retrasado la toma de medidas contra su expansión.

Por algo España es hoy el país que registra más muertes por habitante. Sánchez debe pedir perdón no porque con ello vaya a desaparecer el dolor -que no lo hará- sino para proporcionar una justa y necesaria dignidad a los fallecidos y a la tragedia que viven miles de familias. De paso, sería una verdadera muestra de buena voluntad para esa unidad que tanto reclama.

¿Qué es, pues, lo que impide al jefe del Gobierno admitir unos errores que saltan a la vista de todos, que más caros le saldrán cuánto más trate de ocultarlos? ¿Acaso el ego o la soberbia? ¿Quizás la ausencia de empatía, la falta de honestidad o una carencia de humanidad? ¿Podría ser un mal asesoramiento? ¿O una combinación de todo ello?

Juzguen ustedes mismos.

Ana I. Sánchez ( ABC )