Hay algo en lo que nuestro Gobierno es ducho: la propaganda. Han anotado la máxima de Goebbels («una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad») y la ponen en práctica con audacia desacomplejada. Sánchez arrastra el baldón de ser uno de los gobernantes del planeta con peor hoja de servicios ante la pandemia (es un deber recordar los datos: cuarto país con más muertos por cien mil habitantes y la mayor caída del PIB de la UE).

Pero trabajando el frente televisivo y las técnicas orwellianas es posible hipnotizar al público con una realidad paralela, el Matrix progresista, donde siempre brilla el sol.

En ese espíritu, Producciones Redondo había programado ayer un superespectáculo. Sánchez, rodeado por tres pantallas gigantes en una amplia sala de La Moncloa, presentaba su plan para «convertir la pandemia en una oportunidad».

Por supuesto no faltaba un nombre pomposo: «Plan de recuperación, transformación y resilencia de la economía». En una de las pantallas, las caras atentas de ese autobús de ministros que conforma el Gobierno más grande de Europa, con Iglesias destacando muy atento con su camisa roja y su moño.

En otra, lemas redondianos en enormes rótulos tras el rostro del gran timonel: «Un nuevo impulso», «Resistencia» (solo faltó aquel visionario «Saldremos más fuertes» de mayo…).

Tras su habitual plomada lírica, lo único concreto que anunció Sánchez es que gastará en solo tres años 72.000 millones de la ayuda europea; que en parte tendremos que devolver, detalle que siempre omite. También prometió 800.000 empleos en tres años. Convendría, porque desde marzo ya han volado 600.000.

Sánchez estaba gozándola, gustándose con su spot a lo «Nueva Frontera» de JFK. Pero llegó el tarjetazo y arruinó el show. Última hora: el juez García Castellón pide al Supremo que investigue a Iglesias por revelación de secretos con agravante de género, daños informáticos, y denuncia falsa y simulación de delito.

Todo en relación al robo de la tarjeta del móvil de Dina Bousselham, antigua y juvenil asesora del alegre vicepresidente en su etapa de eurodiputado (y promovida a directora de un medio digital podemita al cambiar una declaración judicial que perjudicaba a Iglesias).

A Dina le robaron el móvil en noviembre de 2015. El presidente del Grupo Z recibió anónimamente su tarjeta y se la dio a Iglesias en enero de 2016, porque contenía material muy íntimo de la chica. Pero nuestro alegre vicepresidente nada dijo a su colaboradora

Se la guardó en el bolsillo durante meses y se la devolvió chamuscada, pues contenía chats en los que Querido Líder no salía bien parado. Entre tanto, para buscar votos se inventó un folletín de «cloacas del Estado», acusando al PP y Villarejo del robo.

Resumen del día. El show de Pedro nublado por la justicia independiente (que él aspira a fulminar). El Gobierno que echó a Rajoy en nombre de la ética cerrando filas con un vicepresidente en el barrizal.

Podemos, en sarcasmo Supremo, aferrado a los aforamientos y reclamando presunción de inocencia. En Inglaterra acaban de recuperar «Spitting Image», las marionetas de los ochenta que hacían sarcasmo de su clase política.

Aquí las supera la realidad.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor