TAXISTAS Y PERIODISTAS

Ayer leí una sentencia que decía :. ” Si los periodistas nos pareciésemos a los taxistas la gente iba a leer una mierda”.

Me sorprendió esa frase porque antes de que los taxistas de Barcelona, Madrid y otras grandes ciudades de España, saliesen de sus vehículos, vestidos como gañanes para bloquear las calles y agredir a otros coches de alquiler que llevaban como pasajeros a familias con niños, ya había muchos periodistas que escribian una y otra mierda cada vez que encontraban un lugar en el que publicarla.

Asi que pensé que se refería a que una huelga nacional en la que no saliesen periódicos a la calle y el silencio informativo se adueñase de las radios y las televisiones , tendría un efecto demoledor en la opinión pública , y tanto las empresas como el gobierno caerían derrotados y cederían a las pretensiones y exigencias que los indispensables plumillas planteaban.

Le dí una vuelta más a la frase escatológica que había leído y rápidamente le encontré fallos operativos , porque los periodistas que hoy tienen la suerte de trabajar con un sueldo medianamente decente profiriendo opiniones que siempre coinciden con la ideología de quien les protege , no están por la labor de hacer ninguna huelga, y los que viven del sobre sueldo de las tertulias matarían antes de dejar el sillón que calientan, en las posaderas de otro.

¿A quiénes se refería entonces?

¿ A los que se visten de negro echándole un par de pelotas u ovarios a su heróica actitud de protesta cuando  denuncian algo intolerable , pero que abandonan el luto cuando toca guardar silencio por otros excesos del poder?

Aquella frase me estaba haciendo pensar más de la cuenta y no estaba yo muy decidido a emplear mis energías en descubrir la relación causa-efecto entre los taxistas, los periodistas y los usuarios de los vehículos de alquiler y la prensa, así que intente recordar un tiempo en el que a la gente de este oficio mal pagado pero ilusionante, vocacional y responsable , nos importaba una higa los riesgos que corríamos cuando había que defender algo más que nuestro moderado jornal.

Y ahí estaba la clave porque nuestro trabajo tenía  nos hacía sentirnos unos privilegiados porque por entonces hacíamos un servicio público tenía que ver más con la libertad recién conquistada que con el mamoneo , y nos sentíamos respetados incluso por los que podían mandarnos al paro.

Cada vez que escucho a alguien presumir de que es periodista me sonrío porque el oficio de contar las cosas después de haberlas comprobado por más de una fuente fiable es algo sustancialmente distinto a lo que hoy se estila.

A cualquiera le basta decir que tiene un confidente que le ha contado algo, que generalmente sirve para difamar a otra persona, para colaborar en la difusión de esa falsedad.

Por eso insisto, querido autor de la frase con la que he iniciado esta columna, no hace falta parecerse a los taxistas en huelga para que la gente deje de leer mierdas porque el periodismo no es lo mismo que los periodistas de la misma forma que el servicio público de transportes no es lo mismo que los taxistas.

Diego Armario