TECHO

De Albert Rivera lo que tengo más claro es que quizá vaya a la boda de Melendi. Con Malú. Lo leí en «Semana», que traía la noticia en exclusiva. Es lo que más me creo de todo lo que tiene que ver con el líder de Ciudadanos. Una certeza para un político diapasón. Bisagra, también.

Rivera parece tener un techo político pese a que Ciudadanos haya ido creciendo. «Siempre que se abren las urnas» el partido crece (Arrimadas). Y sí, ahí están los 1.500 concejales de 2015 y los 2.788 del domingo. Los diputados autonómicos, que se han duplicado. Los europarlamentarios, multiplicados por cinco. Pero también ahí está el techo, como la pared de Bambino.

Un techo no de cristal sino de peladuras de naranjas para el brasero. No es la primera opción en casi ninguna administración. Aunque sea opción de gobierno. Puede Rivera querer ser el líder del centro-derecha, pero su empeño no termina de funcionar. A Ciudadanos hay que pedirle ayuda para gobernar igual que a Vox, siendo el PP, partido al que pretende quitar el sitio, el que todavía va por delante en el negociado de Colón.

Si con todo lo que tiene detrás, el PP va por delante, ya tendría que celebrar Casado las comuniones de sus hijos en El Escorial y llegar en el Dragón Rapide. Y mira que Casado ya perdió pie frente a Rivera no interviniendo en el Congreso, como hizo este, qué menos, para protestar a Meritxell Batet ante el circo parlante con el que se acató y burló la Constitución. Pues ni así.

Ahora, tras las elecciones del domingo, Ciudadanos no pone pegas a pacto alguno. Ni con PSOE ni con PP ni con Vox. Para eso es un partido de centro. Bastante le dará a Rivera que Manuel Valls haya dicho que romperá con Ciudadanos si pacta con Vox en Madrid. «Mirad lo que sucede en el resto de Europa». Bueno, si miramos las elecciones europeas, el partido que Valls equipararía al de Le Pen, al de Salvini o al de Orban ha sacado tres parlamentarios.

Muy digno Valls tras su batacazo en ese lodazal nacionalista y cateto, pero no puede evitar que pensemos que también es una excusa para no quedarse de concejal sin galones en el Ayuntamiento de Barcelona. Ciudadanos podría gobernar en algún sitio. En Aragón o Castilla y León, con el PSOE. En Madrid, con el Partido Popular y Vox.

En Murcia, también. Llave en dos comunidades, necesarios en otras dos. Han constituido para ir caso por caso un Comité Nacional de Negociación de Gobiernos. Madre mía, eso suena como el Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparación de Franco.

El mayor valor de Rivera siempre fue no ser del PP. Pero eso era cuando el PP se asociaba a Rajoy, Cospedal o Margallo (ah, no, que Margallo sigue, válgame Dios). Tampoco es desdeñable su gran ambición. Como Baroja dijo de Valle-Inclán, «Tenía una aspiración a la gloria como ninguno de sus compañeros.

Tenía una voluntad tensa y firme, que contrastaba con la de los demás, floja y desmayada». Pero Sánchez fue más listo que él. Y justo cuando ya olía La Moncloa. Desenfundó antes. Y vale que a todos los políticos se les supone ambición. Si no, que hagan macramé.

La mayor certeza de Ciudadanos es Inés Arrimadas, nombrada ayer portavoz del partido en el Congreso (¿quién iba a ser si no?). «Somos sensatos, somos responsables», dijo ante los posibles pactos. Veremos qué hacen. Pero que Arrimadas empiece a hablar en el Congreso.

Y ojalá dentro de poco podamos comprobar si el techo es de Ciudadanos porque no es ni chicha ni limoná o es Albert Rivera el que viaja al volante de su propio techo.

Rosa Belmonte ( ABC )

meme de Linda Galmor