TELETUERKA

Uno de los misterios más extraordinarios de España es saber por qué el presidente Sánchez ha dejado a Pablo Iglesias jactarse de controlar la Televisión Pública. Hay en el fondo del asunto una revelación de carácter: Pablo es el presentador de La Tuerka. A quién se le ocurre, vamos a ver, que al frente de un monstruo como RTVE, 6.400 trabajadores y 1.000 millones de presupuesto anual, como decíamos ayer. Vuelvo a los versos de León Felipe: “No sabiendo los oficios / los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos como debemos/ cualquiera vale, cualquiera, / menos un sepulturero”.

Los periodistas somos gentes de saberes inespecíficos, por eso somos inadecuados para la gestión de una empresa así de grande. El presidente de RTVE debería ser un empresario, buen gestor y, si sabe algo de televisión, mejor. Uno no acaba de ver a la gran Fallarás como miembra del Consejo, y no hablemos de otra propuesta por Iglesias, Rosa Mª Artal, una de las criaturas más zafias que pululan por el universo Twitter. Se ha hecho trending topic este roznido suyo: “Siempre me he preguntado al ver en mi teleline a un periodista si seguirá con aquella puta jovencita por la que me quitaron un puesto en TVE”.

Asombra que fuera desposeída de un cargo funcionarial de periodista de TVE por el capricho de bragueta de un jefe. ¿Sin denunciarlo? Artal se acogió a aquella prejubilación del ente público a partir de los 52 en unas condiciones ventajosas. Pero era voluntaria.

En medio de este desbarajuste brilla Agudín, general en la reserva. Un José Julio Rodríguez del periodismo. Ya lo dice el marqués de Galapagar: “Quédate con la consejería de Turismo y dame a mí los telediarios”, o como dijo en una charla a la UJCE en Zaragoza cuando un mocito le preguntó qué le ponía más, si la educación o la propaganda: “Sin lugar a dudas, la propaganda”. El Ríchal dibujó la programación que viene en palabras del líder: “Las uvas las daremos Irene y yo. Pero ella llevará la capa y yo las transparencias. Se acabaron las uvas franquistas y machistas”. El modelo de Pablo no es Walter Cronkite. Y Pedro que no se entera.

Santiago González ( El Mundo )