Según Inés Arrimadas: “Si  PODEMOS   y el PSOE  fueran oposición  arderían  las calles…” con  lo que la líder de Ciudadanos, reconoce que hay dos formas distintas de plantar cara al Gobierno: una, la de los rojos, independentistas, anarquistas y demás asesinos durante nuestra Cruzada –los actuales,  son los hijos y herederos de las ideas y los métodos de quienes tan bien los utilizaron en los años treinta del pasado siglo—y,  otra, la de los políticos  “bobos de baba”,  –de la que forman parte los hijos de aquellos grandes amantes de la Libertad y la Democracia, — los ¡“héroes del antifranquismo”!

Recuerdo perfectamente sus maravillosos escritos y lecciones orales,  prometiéndonos “el paraíso” con el fin de  disuadirnos “de ver lo que teníamos delante” (la velocidad ascendente de España en su economía, en su industrialización, en la “verdadera reconciliación”, ya realizada diez años después de la Victoria, etc. etc.), reemplazáramos la vista por la imaginación, para, de ese modo, nos figurásemos  todas las dichas futuras cuando el Caudillo hubiera pasado a mejor vida…

Todos aquellos  “opositores audaces” al franquismo, llenaron sus “bolsillos” y acumularon grasa en sus riñones. Ahora sus retoños y herederos, son pacíficos carneritos y ovejitas, frente al Gobierno  de rojos que padecemos.

Eso sí, supieron aplicar todo su valor y odio a la liquidación de  “Fuerza Nueva” –por defender los ideales por los que murieron los falangistas, los requetés y la buena gente de la derecha “auténtica”–: en esa “heroicidad” Fraga se ganó la “laureada”…

Han pasado cuarenta y seis años de “libertad” triunfante y de “Democracia” y resulta que España es un inmenso rebaño de “pacíficos borregos”, incapaces de echar a patadas de la Moncloa a Falconetti y a su compañera de viajes por el mundo, gratis, a cuenta de ese rebaño

Lo malo es que ya no es posible “aplicar la técnica imbatible” de José Antonio Primo de Ribera. La Sinagoga de Satanás, ha sabido actuar inteligentemente — como siempre–, y ha cerrado todas las puertas para tener a sus esclavos a buen recaudo.

Un segundo comentario. Veo a los demócratas muy preocupados, no tanto porque España esté a punto de ser aniquilada desde dentro, por sus gobernantes y demás traidores de todos los partidos políticos  (salvo VOX, por ahora), sino porque se “nos muere la Democracia Liberal”.

Y semejante realidad, esa sí,  merece la mayor consternación  por parte de nuestros representantes del Pueblo soberano… ¡Pobre pueblo español! –o  quienes lo sustituyan: moros, indios– de la India–, afganos, chinos y demás ralea–, “huérfano de la madre Democracia”, y “del padre  Estado de Derecho” ¡solo de pensarlo, me inundan las lágrimas!

Otro comentario, concretado en una pregunta: ¿Hasta cuándo los periodistas serán tan necios como para admitir ser noticias dignas de aparecer en la prensa, en la radio, en la televisión,  las estupideces de las féminas que nos gobiernan, especialmente los de la más estólida de todas ellas, la privilegiada de la bragueta del macho alfa, incapaz de echar por su boquita de piñón, algo que no sean estulticias  de cenutria…?

Pero ¿qué tipo de medios de comunicación tenemos en nuestra querida  España y que cerebros como directores de los mismos? No estoy pidiendo “censura” sino simplemente ser capaces de comprender  que la mierda no es tema de conversación preferente en los banquetes, –ni siquiera en las comidas de quienes recogen la basura en las ciudades–.

¡Respétense un poco, señores periodistas, y hagan lo mismo con la dignidad de una profesión definida por el genial periodista cubano “Pepín” Rivero, con aquella frase que, diariamente, encabezaba la portada del “Diario de la Marina”, y lo hace a la perfección!:

“El periodismo es en lo externo una profesión, y en lo interno un sacerdocio”

Si a los periodistas –incluidos los de la Universidad de Navarra, –como Pedro Jeta, y otros de su especie;  y muy conocidos –les hubieran enseñado sus profesores esa verdad elemental, no habrían desprestigiado la profesión al grado en que ha llegado el periodismo español.

Es para sentir vergüenza, ser llamado periodista, por los pocos que no se han vendido al poder público o al privado (más tiránico y degradado aun).

Gil de la Pisa Antolín ( El Correo de España )