TEMPLANZA

La política española anda muy necesitada de serenidad. Es difícil, lo comprendo. Cuando uno analiza con frialdad el momento actual, la pérdida absoluta de los valores democráticos en determinadas zonas de España y la tibieza del Gobierno ante semejantes dislates, se entiende la irritación de parte de la sociedad.

Sánchez, ese hombre que teme a las urnas, quiere apalancarse en La Moncloa a toda costa. Y eso tiene precio. Un coste que pagamos entre todos los españoles con el deterioro de la convivencia. Ayer en el Foro de ABC, el ministro Borrell, la mejor cabeza del gabinete, lamentó que acababa de asistir a la sesión más bronca de su vida parlamentaria. Conviene rebajar la crispación.

Lo que ocurre es que la cortesía parlamentaria es un camino de ida y vuelta, y ahora la izquierda, que creía tener patente de corso para decir las mayores barbaridades, se topa con la firmeza de otros partidos. Se sorprende de que le reprochen su actitud frente al problema catalán o que el partido del Gobierno sólo sume 84 escaños. Urge volver a la senda de los valores democráticos: Sánchez, el primero, convocando ya elecciones.

El Astrolabio ( ABC )