Tener como Pdte. del Gobierno a un individuo que se vendió como doctor en Economía cuando luego se demostró que la tesis se la hizo un negro, tiene sus consecuencias.

La mas inmediata es la absoluta impermeabilización del sujeto respecto a las opiniones de los ciudadanos; sólo le afectan las de los que tienen voto en el Congreso. Por ello, le importa poco hacer el mas absoluto de los ridículos si sus socios de voto quedan contentos. Y si para darles gusto cae en absoluto ridículo ante la población, da lo mismo.

La siguiente es que las medidaa que toma suelen sobrepasar el absurdo, llegando a creer yo que el doctor, no es que no merezca serlo, sino que no da la talla de un grado Medio de FP en Administración y Dirección de Empresas.

El problema inmediato de los hogares españoles (incluso de aquellos no lacerados por el paro) es la gran subida del IPC. Pues bien, nos llega Pedro Sánchez con medidas estrellas que no tienen nada que ver con algo parecido a una posible bajada de ese IPC.

«Para que algunos no se aprovechen de esa subida de precios ….». ¿Cómo?.

Recapitulemos ¿Va a utilizar esa subida de ingresos públicos en alguna medida directa de bajada del IPC? Ni lo ha dicho ni se espera. ¿Tiene España en este momento un problema de recaudación tributaria? No. Precisamente está batiendo records por esa subida de precios (el 21% de 40 es mas que el 21% de 30).

Entonces, aún con una simple experiencia de economía doméstica, eso es decirnos a los que tenemos tos que nos van a rascar los cojones.

Los mensajes de Robin Hood se quedaron ya atrás al llegar a la adolescencia al superar la infancia en la que Pedro Sánchez ha instalado su intelecto. Oiga, que Robin Hood quitaba a los ricos para repartir a los pobres, pero nuestro particular «Fraude Hood» no pretende otra cosa que quitar a los ricos para quedárselo él.

Ni siquiera hace falta entrar en análisis profundos sobre el efecto general en la economía y el empleo de apretar las tuercas a «los ricos», simplemente porque hay que limitarse a ver con claridad, con evidencia, que ese «quitarle a los ricos» no sólo no va a beneficiar a «los pobres», sino que llegará a perjudicarles. Cuando menos a los que tengan relaciones empresariales con ellos.

Y lo que causa mayor pasmo es cómo han cerrado filas sus socios de voto, aplaudiendo las medidas, delatando que, o bien son simples antisistema odiadores del capitalismo y satisfechos con cualquier atisbo de destrucción de empresas, o bien son tan indigentes intelectuales como «Fraude Hood».

Antes, cuando alguien hacía tonterías le llamaban tonto (Forrest Gump dixit). Hoy le hacemos Presidente del Gobierno y gran parte del país le aplaude.

Nos extinguimos.

Antonio Toledano ( El Correo de España )