Nos hemos cansado de ser libres y así cerramos bares y restaurantes, y prohibimos reuniones y los viajes, en lugar de abrir más hospitales y emplear a más sanitarios. El confinamiento no es la respuesta de un ciudadano libre. Es la respuesta de una rata.

Los ciudadanos libres defienden la creación de riqueza porque es el centro de su vida; y no retroceden ante los desafíos y alzan infraestructuras para superarlos en lugar de salir corriendo al grito de: «Por favor, no me haga daño». Sólo se esconden las ratas. Los hombres libres viven y mueren. Churchill fue a por los nazis, a matarlos.

La Europa de hoy, con sus vergonzosos líderes, cobardes y tan baratos, merecería que Hitler se la repartiera con Stalin. Y mucho peor somos sus votantes, estupidísimos, chulos de una comodidad subsidiada por la que jamás hemos luchado. Actuamos como si la libertad fuera un derecho sindical y no un deber sagrado.

El Covid es sobre todo un espejo frente al que ha quedado desnudo un deprimente ejército de indignos herederos de los que cayeron por defender nuestro modo de vida contra adversidades infinitamente más duras. Y no bastaba una mascarilla y tuvieron que rendir su última medida de devoción y de honor

Lo peor del Covid ha sido la Humanidad retratada en su huida, como un Puigdemont que se fuga de la independencia que él mismo ha declarado. Es lo mismo confinar Madrid que prohibirle al Rey acudir a Barcelona o erradicar a Dios de las aulas.

La libertad es justo lo contrario. Y por supuesto tiene riesgos pero de la Historia hemos aprendido que el mayor riesgo del Hombre es no ser libre. El debate del Covid es científico. Pero la respuesta que le demos no es un debate científico sino político.

No tiene que ver con la Ciencia sino con la libertad. Con Churchill contra Hitler, con Thatcher contra el socialismo, con Trump contra China. Con Jesús contra Poncio Pilato. Con los hombres libres luchando por sobrevivir a su noche más aciaga.

Ratzinger lo dice: la libertad sin Dios conduce a Auschwitz. El Covid no es nuestro problema, es nuestra prueba. Nuestro problema es que despojados de Dios -es decir, del Amor y la Libertad entendidos como el mismo don- es muy fácil asustarnos con espantajos, y corremos a escondernos sin darnos cuenta de que el vagón de la dejadez y la soberbia conduce con su espantoso aullido al exterminio de todos los tiempos.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Agustín Muro