Teoría de la incertidumbre

Es probable que Pedro Sánchez conozca el trabajo sobre “La economía de la incertidumbre” de Jacques Drèze, un matemático de prestigio – a pesar de ser belga- que basaba algunas de sus previsiones en un subjetivo cálculo de probabilidades.

El cálculo estimaba que las estudiantes universitarias eran vírgenes en un 80 por ciento en opinión de sus padres, en un 50 por ciento, según sus profesores y en un 20 por ciento según decían sus compañeros de estudios, y esa certeza acientífica le llevo a desarrollar su teoría.

El método era orientativo pero no tenía garantizado su rigor aunque contaba con la carga de la experiencia y el sentido común, que son elementos de análisis insuficientes pero no despreciables.

Yo creo que el nuevo Presidente del ejecutivo, que es doctor en ciencias económicas ha apostado por esa teoría de la incertidumbre que resulta más excitante a la hora de formar su gobierno, y lo ha hecho con una razonable base de sentido común.

En política todo cambio es una caja de sorpresas y un futuro de incertidumbres, y aunque lo que tranquiliza al personal es la sensación de que el ejecutivo va a ser previsible en sus actuaciones, también resulta excitante descubrir que algunas cosas nos pillan de nuevas.

Por ejemplo, que un astronauta como Pedro Duque en vez de viajar en una nave espacial a partir de mañana se traslade en un Audi negro y con escolta tiene su morbo, y también lo tiene que José Borrell sea Ministro de Asuntos Exteriores porque es mensaje que le ha cortado la digestión a Quin Torra y a Gabriel Rufián. También es una buena noticia que haya más mujeres que hombres en el próximo consejo de ministros, sobre todo porque las damas de Sánchez tienen un nivel intelectual más alto que dos de las ex ministras de ZP , de indeleble recuerdo.

No sé qué hará Pedro Sánchez o qué le dejaran hacer a en los próximos días y que hipotecas tendrá que pagar a quienes les apoyaron en su investidura.

Cuando llegue ese momento será cuestión de analizarlo, pero las decisiones que ha tomado en la formación de su consejo de ministros me suenan a acertadas y, al César lo que es del César, por más que no crea en Dios, al que probablemente no este dispuesto a darle ni agua, porque su política de gestos a la galería de sus palmeros está aún por llegar.

Creo que es el momento de cruzar los dedos para que, al margen de fobias o simpatías políticas, el nuevo gobierno lo haga lo mejor posible, en favor de España y los ciudadanos.

Cuando los políticos están en la oposición se pueden permitir ser histriónicos e histéricos, pero si tienen sentido común y sentido de estado, cuando llegan al gobierno recuperan la mesura.

La prueba del algodón para el nuevo Presidente será si tiene como referente a Felipe González o a Rodríguez Zapatero.