TERESA RIBERA, UNA MUJER A UNA NARIZ PEGADA

La vicepresidenta cuarta del gobierno (el presidente de facto es el “Marqués de Galapagar” y Pedro Sánchez es el vicepresidente primero, moviéndose el escalafón de vicepresidentes a continuación) es una mujer a una nariz pegada, parodiando a Quevedo, en su enfrentamiento con Góngora.

Realmente tener una buena nariz es importante para poder oler debidamente la contaminación ambiental, y eso es básico para una ministra para la transición ecológica -¡qué cosas¡-, y vicepresidenta cuarta de rebote, solo para joder a Iglesias, y disminuir su papel en el desgobierno actual, que ha pasado de ser un tercio de los vicepresidentes a solo un cuarto, aunque en el caso de Pablo podríamos hablar de cuarto y mitad, al haber conseguido colocar también a su novia, querida, compañera, o lo que sea, y madre de sus hijos.

La biografía de Teresa Ribera Rodríguez, colgada en internet, es tan engreída como ella misma aparenta ser. Un simple técnico de la administración, un TAC, se ha convertido por obra y gracia de sus asesores, supongo, en “una jurista, profesora universitaria y alta funcionaria española”.

Jurista, ¿de qué?

Y con lo de alta funcionaria, ¿se refiere a qué es alta, o a que ha sido nombrada a dedo para numerosos puestos, por su pertenencia a la PSOE, esa gran empleo de colocación…?

Y respecto a profesora universitaria, dando a entender que es profesora titular, o incluso catedrática, el curriculum nos aclara que: “Ha sido profesora del departamento de derecho público y filosofía del derecho de la universidad autónoma de Madrid”.

Es decir, fue, no es.

Y profesora asociada a tiempo parcial, supongo, de esos a los que les pagan poco más o menos trescientos euros al mes…

Pero en fin, ya se sabe cómo inflamos los españoles el curriculum, y yo el primero.

Me ha sorprendido mucho ver la prepotencia y engreimiento de esta señora, y solo hay que observar sus aires de princesa rusa en el exilio por televisión.

Está encantada de haberse conocido, y sino que le pregunten a su correligionario Jorge Sevilla, a quien ha hecho la vida imposible al frente de una empresa privada, Red Eléctrica, pero en realidad pública, pues el Estado es el primer accionista, con un veinte por ciento de las acciones, a través de la SEPI, sociedad estatal de participaciones industriales.

Sevilla ha dimitido, pues iba a ser cesado, parodiando a Quevedo por “… un naricísimo infinito, muchísimo nariz, nariz tan fiera, que en la cara de Anás fuera delito”.

Parece que ya tenía un candidato ad hoc, concretamente Natalia Fabra; veremos si se confirma el rumor, destapado por varios diarios y medios digitales.

El “sueldecito” es muy apetecible, 529.912 euros en 2019, y supongo que la nueva titular rápidamente lo subirá, para que no se resienta su “dignidad”, que algunas cifran su dignidad por el dinero que cobran.

El marido de Teresa Ribera (ellos, como buenos “socialistos”, trabajan los dos para el sector público), es Mariano Bacigalupo, actual vicepresidente de la CNMC, comisión nacional de los mercados y la competencia, en un “yo me lo guiso, yo me lo como”, y parece ser que a Ribera, que debe querer proteger a su marido, no quería que Red Eléctrica recurriera las resoluciones del citado organismo, para aparentar que todo era “una balsa de aceite”, o porque se cree que la empresa semipública es un negociado más del departamento ministerial que dirige, como vemos, con mano de hierro. Como diría Quevedo:

“Era un reloj de sol mal encarado,

Érase una alquitara pensativa,

Érase un elefante boca arriba,

Era Ovidio Nasón más narizado”.

En fin, esta historia tiene narices…, y nunca mejor dicho.

¿Se imaginan ustedes todo el poder que esta señora puede acabar concentrando en sus manos, digo en su cama, con su marido…, controlando una vicepresidencia, un ministerio, red eléctrica española, y la CNMC…?

¿Pero hacía que “modelo” venezolano de concentración de poder y acumulación de riqueza en muy pocas manos, vamos…?

Ramiro Grau Morancho ( El Correo de Madrid )