TERRORISMO EN ALSASUA Y TAMBIÉN EN CATALUÑA

En contra de lo que algunos piensan ingenuamente y otros pretenden hacernos tragar, el terrorismo no consiste únicamente en cometer atentados suicidas en nombre de Alá. Tampoco en poner bombas o pegar tiros en la nuca, como hacían los pistoleros de ETA. La palabra «terrorismo» abarca un significado mucho más complejo, más profundo, más perverso. Un significado que incluye el concepto «violencia», pero ni define ni cuantifica la forma o intensidad de la misma, siempre que se utilice con la pretensión de ganar un pulso al Estado de Derecho. Un significado que la Justicia debe rescatar estos días de la simplificación a la que ha sido sometido por parte de políticos y medios de comunicación, a veces solo irresponsables, otras, las más, interesados en alcanzar los fines sediciosos que sus cómplices violentos persiguen con sus acciones.

En la Audiencia Nacional arranca esta mañana el juicio contra ocho individuos acusados de lesiones terroristas por agredir salvajemente a dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas en Alsasua, mientras tomaban una copa en un bar. La defensa de los imputados alega que aquella paliza no fue un acto de terrorismo, sino una pelea entre borrachos. Y en apoyo de esa versión tan falsaria como miserable acuden miles de manifestantes, convocados a tomar las calles de Pamplona por las fuerzas separatistas que han estado beneficiándose del terror etarra desde la fundación de la banda por los cachorros del PNV hace más de medio siglo. Las que gobiernan el País Vasco y Navarra tras expulsar del censo de votantes a todo el que supusiese un obstáculo para sus planes. Las recogedoras de nueces siempre prestas a justificar y amparar los «excesos» de su vanguardia armada.

Coincide el inicio de este proceso con el debate abierto en Cataluña sobre la naturaleza de los autodenominados Comités de Defensa de la República, una de cuyas dirigentes fue detenida hace unos días por orden de la Fiscalía bajo la acusación de haber perpetrado delitos terroristas. Apenas unas horas después, el juez Diego de Egea ordenaba su puesta en libertad al no ver en la conducta de los citados comités nada más que desórdenes públicos. Ya se sabe que en España tu destino depende en buena medida del juez que te toque. Y lamentablemente hoy en día abundan más los Egeas que los Llarenas, especialmente en la Audiencia creada precisamente para combatir al terrorismo.

Terrorismo es tratar de poner al Estado de rodillas mediante el uso de la fuerza. Exactamente lo sucedido en Alsasua y también en Cataluña. En manos del Estado está impedir que lo consigan.

Isabel San Sebastían ( ABC )