DESARMADOS

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DESARMADOS

Sabemos cómo ha estado ETA presente en nuestras vidas, de una forma u otra. Recordamos los eternos minutos que desembocaron en el cruel ultimátum a Miguel Ángel Blanco, aunque parece que el único que no lo sabía era Otegi, que ese día estaba en la playa.

Esa memoria no coincide con el relato que nos quieren vender ahora. Nada que ver con los asesinatos a sangre fría, esos tiros cobardes en la nuca que el Carnicero de Mondragón quiere hacerlos pasar por simples ejecuciones.

Como pura mercadotecnia su desarme. Exigiendo ¡amnistía! por mostrar ocho zulos con 120 armas y tres toneladas de explosivos caducados o deteriorados. Cuando todavía quedan 325 crímenes que no sabemos quiénes fueron sus autores.

Ya hubo una amnistía que quieren denostar, que puso a todos los presos políticos en la calle. Como me contaba Txiki Benegas, «durante un día del mes de diciembre de 1977 no hubo ningún preso de ETA en la cárcel. Esa situación duró un día porque ETA siguió matando. Querían dinamitar la democracia. Imponer un sistema autoritario nacionalista e independentista por la fuerza. Una aberración que nos costó mucho dolor y mucha sangre».

Su «lucha armada» era terrorismo. Sus «objetivos», asesinatos. Sus «impuestos revolucionarios», extorsión e intimidación. Su desarme, un relato para ocultar su derrota. Una derrota que no tiene contrapartidas.

Porque están desarmados. Pero también desalmados.

Marisa Gallero ( ABC )

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