METIDOS A CONCEJAL

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METIDOS A CONCEJAL

Tenía los ojos muy abiertos y perdidos. Resistían a duras penas la luz cegadora del día. Pero no miraban. Deambulaba lentamente, sufría atrofia muscular y todavía tenía mucho miedo. Cuando los guardias civiles entraron encapuchados a sacarle de aquel mugriento y húmedo zulo habilitado en una nave industrial de Arrasate, Mondragón, gritó desesperado y aterrorizado: «¡Matadme de una puta vez!».

El auto de procesamiento de los cuatro etarras que secuestraron durante año y medio al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara puntualizó: «Hablaba con tono de voz bajo y la conversación, por corta que fuese, le producía cansancio. Tenía sensación de inestabilidad o mareo frecuente, e hipotensión con ligera anemia». Durante su cautiverio adelgazó 23 kilos. El diario proetarra Egin tituló: «Ortega vuelve a la cárcel».

A los pocos días del secuestro, ETA mató a Fernando Múgica y a Tomás y Valiente. Seis mil estudiantes mostraron sus manos blancas. La sociedad despertaba del letargo. José María Aznar, víctima de ETA, había prometido en campaña seguir una máxima descorazonadora para la banda: la ley, sólo la ley y todo el peso de la ley sobre los criminales y su entorno; sin atajos ni negociaciones.

ETA reaccionó brutalmente al golpe que supuso la operación de Ortega Lara -ese día también fue liberado el empresario Cosme Delclaux, aunque su familia pagó su rescate- y el desmantelamiento de un grupo histórico. Diez días después secuestró a punta de pistola al joven concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco. Desde el asesinato de Gregorio Ordóñez se había propuesto «socializar el dolor» y declarar una «guerra» sin cuartel al Estado de Derecho.

Fernando Aramburu recrea el irrespirable, pastoso, cómplice y sucio ambiente de aquellos años en el relato La colcha quemada, incluido en Los peces de la amargura. Un matrimonio no pasa un día tranquilo por culpa de su vecino. Cuando no es una botella que explota, es una pintada en la fachada o una pedrada que revienta los cristales o atruena contra la persiana. «Y todo por meterse a concejal. Yo es que no me lo explico. Si sabe que ETA se cepilló al que ocupaba el cargo antes que él, ¿para qué se arriesga? ¿Le gusta ir de mártir por la vida o qué? En esta casa hay un problema y tenemos que solucionarlo. Tiene que comprender que nos crea situaciones difíciles».

Por primera vez los terroristas dieron un ultimátum. Lanzaron su desafío: 48 horas para acercar presos. Millones de personas salieron a la calle en toda España. El Estado no cedió. Surgió el quebradizo espíritu de Ermua. ETA cumplió su amenaza y vengó ferozmente su último fracaso. Fue el comienzo de su final. España está huérfana de sus víctimas. Les debe tributo diario. Miguel Ángel Blanco se metió a concejal del Partido Popular. No eligió ser héroe ni mártir. Julen Mendoza, el alcalde de Bildu que gobierna en Rentería, también se metió para «humanizar», por fin, «lo deshumanizado»: la vida de los otros.

Javier Redondo ( El Mundo )

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