MISERABLES

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MISERABLES

Para empezar por su debido orden: miserables, los asesinos que ayer masacraron vidas en España. Estos, y sus maestros, son los grandes miserables de la tragedia; los demás, actores secundarios.

Hay algunos que, como Puigdemont, tienen tan errada la puntería que disparan en dirección opuesta al decir que es miserable sacar consecuencias políticas del atentado terrorista que heló ayer el corazón de Barcelona. “Mezclan cosas que no corresponden”, dijo esta mañana en su radio. Se refería sin duda a lo que ya es un clamor en la sociedad catalana: que ya está bien de política ficción.

Al titular de la Generalitat el editorial de un diario nacional le ha sentado como a los mansos un par de banderas negras, que no es que hagan más daño que las coloreadas pero sí que avergüenzan a sus mayorales. Decía El País algo tan natural como que el terror sembrado y las vidas cobradas por los asesinos deberían “devolver a la realidad a las fuerzas políticas catalanas que, desde el Govern, el Parlament o los movimientos por la independencia, han hecho de la quimera secesionista la sola y única actividad de la agenda política catalana en los últimos años”.

¿Acaso no han hecho otra cosa que, exprimiendo los treinta años de adoctrinamiento catalanista, sepultar la realidad bajo un montón de mentiras, más que para liberar a su pueblo de no se sabe qué yugo, para librarse ellos mismos de la cárcel?

Continúa opinando el diario que es hora de acabar con los sinsentidos democráticos, la violación flagrante de las leyes, y hace “un llamamiento al Govern y a las fuerzas políticas catalanas para que se pongan a trabajar en una agenda real al servicio de los problemas reales que afectan a la ciudadanía de Cataluña”.

El President pilós replica que nada cambiará su hoja de ruta, que eso que llaman procéssigue vivo como si en ello estuviera la solución de los problemas de tutom.

Esa enfermiza obsesión por embestir contra la dura realidad terminará por descabezar la actual clase política catalana, cada vez más desclasada y sometida a los antisistema. El choque de trenes de que algunos hablaban puede acabar en auténtica confrontación civil catalana entre demócratas y tardo comunistas, con la aportación allí tradicional del anarquismo. Ya pasó.

Miserables también, aunque de segundo grado, quienes están sembrando de minas los caminos de la vuelta a la normalidad. Quienes hacen aspavientos al oír desde cualquier rincón de España “Yo también soy catalán” y quienes ni el dolor son capaces de compartir.

La nómina es extensa, pero sus protagonistas tan conocidos que no merecen mención expresa. Que Dios les ampare.

Federico Ysart ( ABC )

viñeta de Linda Galmor

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