NO PUEDE HABER ” TAIFAS ” EN MATERIA DE SEGURIDAD

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NO PUEDE HABER ” TAIFAS ” EN MATERIA DE SEGURIDAD

Resulta inquietante el cúmulo de informaciones relacionadas con el atentado de Barcelona que reflejan la descoordinación y el más que deficiente intercambio de información sensible que existe entre las distintas policías en Cataluña, lo que constituye un agujero para la seguridad. La Generalitat está instalada en una actitud de victimismo que pasa por decir que los errores que van saliendo a la luz sólo pretenden ensuciar la labor de los Mossos. Nada más lejos de la realidad.

Por desgracia, lo cierto es que han tenido que suceder la masacre en La Rambla y el ataque frustrado en Cambrils para que nos demos cuenta de que hay muchas cosas que mejorar en la lucha antiterrorista en España -y en nuestro entorno-, por más que se haya avanzado mucho desde el 11-M y quepa reconocer la labor de todas las fuerzas que han desactivado tantas células yihadistas.

Como hoy publicamos, hasta en dos ocasiones los Mossos rechazaron la petición de los Tedax de la Guardia Civil para inspeccionar la casa de Alcanar. Tras la información difundida sobre las dudas que la juez expresó de que hubiera sido una simple explosión por manipulación de elementos para fabricar drogas, como concluyó la policía autonómica, resulta sangrante la negativa a que los expertos de la Benemérita dieran su opinión.

Por otra parte, en el caso concreto del imam de Ripoll, la cadena de fallos ha sido garrafal. Ya es una desgracia que no se ejecutara la orden de expulsión, máxime porque el juez atendió a argumentos huecos como unos supuestos esfuerzos de integración de Abdelbaki es Satty, al cuidado de su familia, que eran falsos. El abogado defensor se lamentaba ayer subrayando que “no parecía un integrista” porque “iba en vaqueros”, otro cliché que nunca debió tener el más mínimo peso.

Y de especial gravedad es todo lo referido a la alerta de la policía belga en febrero del año pasado a los Mossos por considerarlo sospechoso. El conseller catalán de Interior, Joaquim Forn, trató ayer de echar balones fuera justificándose en que la reclamación “fue absolutamente informal”. Pero es que justamente eso es lo inadmisible. No se cumplieron los protocolos establecidos en todo el espacio comunitario para la gestión y análisis de la información estratégica relativa al terrorismo.

La policía local de Vilvoorde, el municipio donde el imam residió varios meses -tristemente conocido por su alta concentración de salafistas-, se saltó las normas y ni compartió sus sospechas con la policía federal belga ni hizo sus pesquisas a través del Ministerio del Interior español, como es obligado. De haber actuado correctamente, hubiesen saltado las alarmas porque en los ficheros de la Policía Nacional sí constaban los vínculos de Satty con un entorno radical. Los Mossos también hicieron caso omiso a los protocolos.

No es aventurado concluir que, en un clima de confianza y lealtad institucional adecuado, la Policía autonómica hubiera compartido las sospechas con la Policía nacional. Máxime porque en el correo electrónico belga se pide a sus colegas catalanes que recaben “cuanta más información sobre este individuo, mejor”. Como sabemos, los Mossos se limitaron a mirar su archivo, en el que sólo constaba que una persona con el mismo apellido había sido investigado en 2006 en una operación contra el yihadismo en Vilanova i la Geltrú.

Lo ocurrido es especialmente lamentable porque toda Europa estaba entonces concienciada de la gravedad del desafío yihadista. Se acababa de producir la masacre en París y en la propia Bélgica habían desarticulado varias células terroristas. De nada sirve que en las cumbres intergubernamentales se repita la necesidad de profundizar en la coordinación de las policías y de los servicios de Inteligencia de los Veintiocho cuando, en la práctica, se cometen estas negligencias.

No podemos obviar que estos años han salido a la luz muchas deficiencias en la lucha antiyihadista de Bélgica. Y una de las más serias es la falta de coordinación y de intercambio de información entre las policías que conforman su alambicado sistema político federal. Urgen explicaciones oficiales y acciones políticas decididas para acabar con tanto descontrol.

El Mundo