NO ES “TURISMOFOBIA “, ¡ SON ANTISTEMA !

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NO ES “TURISMOFOBIA “, ¡ SON ANTISTEMA !

La ‘turismofobia’ es una coartada, una más, para dar rienda suelta a la pólvora antisistema. No es raro que ahí esté la CUP con sus cachorros de Arran, y que se hayan sumado las juventudes de la izquierda abertzale con la nostalgia de la kale borroka; disfrutando además de la simpatía del entorno del podemismo, o al menos su pasividad. En definitiva, son los mismos que apuestan por desmembrar el Estado o desmontar el Régimen del 78 con un discurso efectista sobre castas y tramas. El turismo es la primera industria nacional; o sea, un flanco tentador.

Sí, podían haber ido contra las centrales nucleares, como en otro tiempo, o el AVE, o las universidades, o los museos, o las minas, o incluso los zoológicos en nombre de la libertad. Inventar un enemigo es fácil. De hecho, no hay que descartar que antes o después emprendan otra cruzada, pero el turismo resulta muy tentador: es clave, es fácil porque está en cada calle, y tiene una visibilidad rápida que ya alcanza portadas y no sólo en España. Qué mejor.

Y esa ‘turismofobia’ ha prendido, claro, en Cataluña, bajo la pedagogía de unos dirigentes políticos que venden la ilegalidad como un triunfo de la democracia y de un Ayuntamiento que, como ya sucedió con los okupas, carece de altura para asumir decisiones difíciles porque llegaron al poder vendiendo idealismos irreales como si, por estar ellos ahí, bajo los adoquines hubiera playas. Tiene razón Exceltur, más peligrosos que los vándalos del espray, son esos políticos tibios.

Sí, claro que existen problemas derivados del turismo. Tan estúpida es esa cruzada turismofóbica como negar que el sector tenga efectos colaterales. Una actividad que trae a España 70 y tantos millones de criaturas no puede ser una lámina de aceite sobre la realidad del país. Va de suyo que el impacto será inevitablemente potente; pero si prueban a recordar España antes del boom o a hacer la proyección de la actual España sin turismo -en el primer semestre, se han facturado cuarenta mil millones- no es difícil calibrar la insensatez miope de ciertos discursos apocalípticos.

Por supuesto existe el lado oscuro del turismo descontrolado -incluyendo la tendencia al monocultivo que convierte algunas zonas masificadas en economías miserables de servicios- y no cabe justificar la inacción complaciente en las administraciones. Hay errores de regulación, o desregulación como tantas veces en España, que alejan al turismo de la sostenibilidad básica. Pueden matar el negocio. Ese es el debate, y es un debate relevante. Pero seguramente resulta inútil invitar a un debate racional a quien en realidad sólo busca coartadas para asaltar la Bastilla. No parecen interesados en mejorar la primera industria nacional; más bien en cargársela.

En definitiva, atacar el Régimen del 78 puede ser un ejercicio florentino de abstracción ideológica, pero atacar el turismo es hacerlo sobre una actividad que aporta riqueza y empleo -en algunas comunidades casi la mitad de su PIB- pero es un sector muy sensible como saben dolorosamente en los destinos del Mediterráneo oriental. Y no es agradable pasear entre mensajes intimidantes, sabotajes en los puertos deportivos y vandalismo en las terrazas… que además sirve de carnaza para los tabloides europeos. La acusación a ese entorno antisistema de estar dispuestos a empobrecer el país no es mera retórica. Hay que cortar el Tourist go home, y a ser posible un poco más eficazmente que los guardias romanos de La Vida de Brian ante la pintada Romai ite domum.

El Mundo

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