EL ODIO NO PUEDE ADUEÑARSE DE NUESTRA SOCIEDAD

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EL ODIO NO PUEDE ADUEÑARSE DE NUESTRA SOCIEDAD

El terror volvió a sembrar el pánico ayer en dos de las principales capitales europeas. En los Campos Elíseos de París, un hombre armado -fichado por radicalización islamista- embistió con su vehículo cargado de explosivos un furgón policial, afortunadamente sin causar más daños humanos.

Horas antes, en Londres, también el odio radical -aunque de inspiración bien distinta- atentó contra los valores de libertad y convivencia multicultural que justamente representa la capital británica. Pero esta vez con la comunidad musulmana como objetivo, cuando una furgoneta arrolló a los viandantes que salían de una mezquita tras los rezos de la medianoche en el Ramadán. Al grito de ¡Muerte a los musulmanes!, el atacante mató a un hombre y dejó una docena de heridos antes de ser apresado por testigos que lo retuvieron hasta que llegaron las fuerzas del orden.

Si en el caso de lo ocurrido en Francia no caben dudas sobre la autoría del ataque, en el atentado de Londres tanto la Policía como la primera ministra, Theresa May, decidieron tratar el suceso como un “potencial atentado terrorista”. Las primeras informaciones nos ponen en alerta de que esta terrible acción podría haber sido una injustificable reacción a los últimos atentados reivindicados por el terrorismo islámico. La islamofobia es una peligrosa espiral que los países golpeados por la crueldad de los terroristas deben tratar de evitar, porque supondría justamente el triunfo del odio que los islamistas radicales profesan y que quieren imponer como forma de vida.

El yihadismo, que nadie duda ya de que se ha convertido en la mayor amenaza contra la seguridad y la estabilidad en el mundo, se combate con más policía y cooperación internacional, pero no cambiando los principios fundamentales de las democracias occidentales.

El Mundo

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