OTEGUI: UNA INHAVILITACIÓN NECESARIA

otegix

OTEGUI: UNA INHAVILITACIÓN NECESARIA

Cualquier demócrata que conserve la memoria recibirá con agridulce satisfacciónla noticia de que el Tribunal Supremo ha confirmado la inhabilitación de Arnaldo Otegi hasta 2021. Satisfacción, porque alguien condenado por intentar reconstituir el brazo político de ETA no merece representar a los ciudadanos de una democracia. Agridulce, porque Otegi podrá concurrir a los primeros comicios autonómicos que se celebren a partir de esa fecha, y eso es algo que jamás debería ocurrir. No al menos mientras el susodicho no exprese un perdón sincero, sin equidistancias, exclusivo para las víctimas de los atentados terroristas que durante tantos años él disculpó, cuando no jaleó.

El rechazo del Supremo al recurso de Otegi coincide con la escalada separatista en Cataluña, en cuya última Diada el ex convicto recibió trato de referente político e incluso de estrella invitada por parte de la televisión pública catalana, financiada por todos los contribuyentes. Solo una ideología moralmente deformada puede convertir a un condenado por terrorismo en un inverosímil luchador por los derechos humanos. La fúnebre sospecha de que, transcurrido el tiempo prescrito por su inhabilitación, su candidatura volverá a cosechar unos resultados considerables entre los votantes vascos no habla muy bien de la capacidad de empatía del ser humano.

Pero no adelantemos acontecimientos. Por el momento cabe felicitarse de que el más alto tribunal español no se deje contagiar por los razonamientos sentimentales en boga, puramente antijurídicos, que pretenden graduar la aplicación de la ley adaptándola a la conveniencia del contexto político. El precio que se pagaría por semejante claudicación sería la memoria, dignidad y justicia de las víctimas.

El Mundo