Hoy, mire usted, será porque los tiempos progresan que es una barbaridad, las brujas han cambiado su escoba por un coche oficial y su cueva por un despacho, ya sea ministerial o de rango próximo.

Se trata de las altas cargas del Estado que ganan un pastizal cada mes a cambio de arruinar la niñez a cientos de miles de niños españoles y a sus padres. Esta banda celebra sus aquelarres una vez al año en las calles de pueblos y ciudades en el llamado “Día de las Ocho Mentiras” (8 de Marzo).

Tales cuentistas, que se ganan la vida con el cuento chino ese del género, la igualdad y el feminismo, visten el hábito morado de la Orden de la Denuncia Falsa, una secta con millones de seguidoras conocidas como las bien pagás, pues cada elementa, tras denunciar al inocente de turno, recibe una vivienda gratis total y a cada hijo se le asigna una pensión de alimentos.

Muy contenta está la bruja máxima que con sus encantamientos y malas artes ha conseguido que tras la denuncia de cualquier bruja se interrumpa por ley feminazi el régimen de visita de los padres con sus hijos, de manera que cada bruja tendrá a sus hijos a su entero dominio para hechizarlos con el “Síndrome de Alienación Parental” (SAP) –ese que no existe según tales pájaras– y que no es sino un lavado de coco para que el pequeño odie a su padre y quiera está con su mamá-bruja.

Esa pócima, que llevan años cocinando, ya está servida al común de la sociedad y ésta, a la vez que jugada maestra, es sumamente inconstitucional y absolutamente tóxica para la infancia, los derechos de igualdad de todo hombre, el bienestar y la paz social. Traen dolor y sufrimiento a hijos y ex maridos tales concubinas amancebadas con el diablo que ahora trabaja de político máximo, otro para nota.

Maestra es la jugada: Tú lo denuncias, entonces ese padre no puede ver a sus hijos y te los quedas para que puedas dedicarte a tu antojo a inyectarles el malestar, la enfermedad del alma y el amargor que te corroe, así no querrán los pequeños ver más a su padre, sino estar contigo, con su adorable mamá, de manera que vivirás de por vida sin pagar renta alguna, aunque con unos niños cada vez más destrozados. Dime, ¿qué te parece, bonita? ¡Pos claro, chocho, si está chupao! Ah, una cosita, se me olvidaba, pero me tienes que votar, siempre debes votar progreso, izquierdas, jamás derechas.

Maestras son la jugada y el daño que se está haciendo al tejido social. Un descosido de muy lenta y complicada sanación, si es que ello fuese posible.

Uno recuerda con nostalgia aquellas hogueras en las que la mugre de estas criaturas daba un color violáceo fosforescente a las llamaradas de cada pira en aquellas plazas públicas ¡Dios, qué tiempos aquellos!

Pero hoy en día no hace falta nada de hogueras para detener esta farsa, este teatro del horror y el tráfico de votos, corruptela del Gobierno de turno, de politiquillos sin escrúpulos y “madres” convertidas en paridoras de críos que serán flagelados y atormentados por ella misma, por su bruja-madre, que hará caja con cada lágrima del menor.

Nada de hogueras y mucho menos desperdiciar la leña de la chimenea en Navidad, basta con cortar el grifo del dinero y el brujerío desaparecería en un plis plas, como por arte de magia, porque “Sin dinero no hay feminismo”.

¡Parné, mardito parné!

José R. Barrios ( El Correo de España )