A Sánchez le falta humildad. No es fácil nacer con ella y menos adquirirla. Sin ella, pasará a la crónica del tiempo como un gobernante soberbio que con, apenas medio año de gobierno, solo nos ofrece una lamentable gestión y altísimas dosis de propaganda.

Una desidia que se traduce en gente que se infecta, mayores que se mueren y una economía que se va por el desagüe. Solo nos ofrece arengas pesadísimas y ni una solución concreta.

¿Qué fue de los 200.000 millones de euros que anunció en su primer «Aló presidente del Covid»? Es una buena pregunta que hoy le puede hacer Pablo Casado.

Como le puede recordar su comportamiento en la crisis del ébola o sus diecisiete «no es no» a un gobierno de coalición en 2015, que nos hubiera ahorrado, seguramente, gran parte de los desastres que hoy padecemos.

Hay un español medio estupefacto que desde su humilde condición no entiende la soberbia de Sánchez. Afortunadamente, todo pasa. Hay un tiempo para gobernar y un tiempo para retirarse. Y volverán los buenos tiempos.

El problema es que el desmoronamiento presente nos caza a nosotros justamente debajo.

El Astrolabio ( ABC)

viñeta de Linda Galmor