Zapatero quedó para la historia como un manirroto, cuyo Plan E dilapidó 8.000 millones en obras innecesarias; rotondas concebidas para estorbar, calles que acababan en ninguna parte y palacios de congresos municipales cerrados.

Todo perfectamente inútil. Absurdo, pero al menos alimentó muchos jornales del maltrecho sector de la construcción y dio vidilla a muchas pequeñas empresas.

Eso fue Zapatero, pero Zapapedro, el sucesor, aprendió de los errores y no parece dispuesto a que nadie ajeno gestione y celebre la gloria de los 140.000 millones de los fondos de recuperación.

La manteca la gasta y la reparte aquel que la ha conseguido de la huchita de Bruselas, o sea el propio Gobierno. Cada día una partida loca.

Dinero para que los artistas vacacionen por el mundo, dinero para reformar la sede de los sindicatos, dinero para encuestas, chiringuitos, o para una web de comercio perfectamente prescindible.

Julián Quirós ( ABC )